• Caracas (Venezuela)

Jesús Durán Zorrilla

Al instante

Sindicatos, colectivos y otros relatos

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Conversando hace algunos años con un ex ministro del Trabajo “de la cuarta”, me narraba sus anécdotas en el ejercicio de sus funciones, principalmente los constantes conflictos que se presentaban con diversos sindicatos, entre ellos, las amenazas que realizaban determinados líderes obreros de organizar paros laborales, marchas, y atentados a su seguridad personal; situación que se podía evitar de manera coactiva si se les cancelaba una determinada suma de dinero o se les entregaba otra clase de bienes. Dicha extorsión la denominaban “la mordida”, y hasta que los jefes sindicales no veían satisfechos sus pedimentos, no dejaban de “morder” al patrono.

El tema de este artículo viene en razón de las constantes experiencias que he escuchado de personas directamente afectadas. El amplio apoyo y santificación dado por el gobierno a los sindicatos chavistas y a los colectivos ha promovido que en ellos se infiltre y tome el control la delincuencia organizada, todo al más puro estilo de las organizaciones mafiosas, lo que ha obligado a las víctimas a pagar comisiones, a incluir personas en sus nóminas de trabajadores, a cambio de una supuesta “paz sindical”. Todo bajo amenaza de secuestro o de muerte del empresario o de sus familiares.

De igual forma, un fenómeno que está ocurriendo recientemente en dicha materia es la repentina consecución de delitos en determinadas zonas residenciales de Caracas, presentándose luego los mismos delincuentes bajo la figura de colectivos, ofreciendo intervenir para mejorar la seguridad de la zona, cuya consecuencia final es el cobro de vacunas por “protección”, aplicándose con preferencia la misma estrategia en las zonas comerciales; por cierto, con presencia policial y de efectivos de la FAN, quienes en algunos casos también se atreven a cobrar vacuna incluso de manera directa, particularmente a los comerciantes que cierran sus negocios a altas horas de la noche. Por supuesto, no es mi intención involucrar a todos los mencionados funcionarios, sindicatos y colectivos porque estaría mintiendo, pero sí resulta necesario depurar a los organismos de seguridad que están en contacto directo con los ciudadanos.

A esta trágica situación se suma la desconfianza del venezolano en las instituciones, por el temor legítimo que existe de que en ellas laboren personas asociadas a sus posibles denunciados. La gravedad de tal situación se agudiza en el interior del país, donde hay gobernaciones, alcaldías y cuerpos de seguridad débiles, que no se atreven a combatir con determinación el delito, perdiéndose así el control de las pequeñas ciudades y pueblos, presentándose también así el novedoso cobro de vacunas para no realizar invasiones en terrenos privados.

Venezuela se ha convertido en un país anárquico donde se impone la ley del más fuerte, evidenciándose que el incremento de los funcionarios policiales y militares ha sido con el único propósito de proteger al gobierno de los ciudadanos y no a la población de la delincuencia.

En definitiva, mientras sigamos siendo gobernados por los mismos personajes, que no son capaces de aplicar mano dura contra la delincuencia, difícilmente habrá un cambio para mejorar el país en materia de seguridad.

 

jesusduranzorrillaprensa@gmail.com

@duranzorrilla