• Caracas (Venezuela)

Jesús Durán Zorrilla

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Retazos de la historia: Baruch Spinoza

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“Spinoza o ausencia de filosofía”

Hegel

 

Spinoza fue un destacado filósofo proveniente de una familia de judíos sefarditas, y que persecuciones religiosas obligaron a sus padres a trasladarse desde España hacia Portugal y por las mismas razones se vieron obligados a emigrar hacia Holanda, siendo Ámsterdam su lugar de nacimiento en el año 1632. La infancia, y buena parte de su juventud se desarrolló en la escuela comunitaria hebrea de aquella población, donde adquirió la inquietud de emprender el viaje hacia el mundo filosófico, de la búsqueda de lo que él consideraría su verdad.

Al salir a confrontar el mundo de aquellos pensadores que no comulgaban con sus ideas, fue víctima de rechazos al sostener la existencia de un Dios que carecía de apariencia humana, idea que contradecía a la sostenida popularmente en Europa; tal irreverencia le hizo ganar muchos detractores que lo llegaron a calificar como ateo y/o hereje. Sin embargo, grandes pensadores como Ernesto Renán sostenían que “Spinoza ha visto lo más profundo que hay en Dios”, por su parte Novalis afirmaba que “Spinoza es un hombre ebrio de Dios”. Cuando leemos el Tratado teológico-político de Spinoza, se puede evidenciar un desbordante amor hacia Dios desde la racionalidad, sin imposiciones, y huyendo de la creencia en el Creador de manera supersticiosa, es decir, un amor puramente racional; y en su intento por “definirlo” lo describió como “…un ser absolutamente infinito, es decir, una sustancia constituida por una infinidad de atributos de los que cada uno expresa una esencia eterna e infinita”. Luego se extiende aplicando una serie de argumentos, haciendo uso del método cartesiano, para tratar de definir en su integridad lo que ya muchos reconocemos como indefinible. Sin embargo, en su esfuerzo logra el cometido de sembrar en nosotros la convicción de la existencia de Dios, tanto desde la racionalidad como desde el punto de vista puro de la fe. Es decir, antepone la racionalidad y al lograr ese convencimiento absoluto, entonces Spinoza se vuelca a la fe. Lo anterior es oportuno mencionarse, ya que debemos ubicarnos en el contexto histórico y el riesgo que representaba contradecir los postulados de la iglesia de aquel entonces.

¿Pero dónde se posiciona Spinoza en esa élite filosófica de la época? La filosofía del Renacimiento podemos ordenarla de la siguiente manera: El período humanístico, representado por Cusa, Bruno y Bohme; y otro período científico natural, que se subdivide en dos etapas, la primera encabezada por René Descartes, y la segunda etapa puramente cartesiana, representada por Spinoza, en compañía de Port-Royal, Pascal, Melebranche y otros. En esta oportunidad compartiré algunas ideas de las muchas desarrolladas por Spinoza en sus escritos, que sorprendentemente no han dejado de tener vigencia.

Con relación a las ideas de democracia nos explica: “Téngase además presente que en la democracia (…) el fundamento y el objeto de este gobierno son, como lo hemos demostrado, contener los desarreglos del apetito y mantener a los hombres, en cuanto sea posible, dentro de los límites de la razón, a fin de que vivan juntos en la paz y la concordia; y si este fundamento se olvida, el edificio entero no puede menos que derrumbarse”. En cuanto al derecho privado o de los particulares y de la prohibición de hacer justicia por mano propia, manifiesta que: “Por derecho civil privado, entendemos la libertad que cada uno tiene de conservarse en su estado, libertad determinada por los edictos del soberano y garantizada a la vez por su autoridad, porque cuando hemos transferido a otro el derecho que poseíamos de vivir a nuestro arbitrio, o en otros términos, cuando hemos abdicado en otro la libertad y el poder de defendernos, dependemos exclusivamente de su voluntad, y no tenemos más que su fuerza para protegernos”. Y para finalizar, las idea de justicia la expresó como: “(…) la firme resolución de dar a cada uno lo que le es dado, según el derecho civil. La injusticia, por el contrario, consiste en quitar a alguno, bajo pretexto del derecho, lo que debe dársele según una interpretación legítima de las leyes. Suelen también darse a la justicia e injusticia los nombres de equidad e iniquidad, porque los jueces no deben tener para nada presente el nombre de las personas, sino considerarlas de un modo igual y defender igualmente sus derechos sin envidiar al rico ni menospreciar al pobre”.

De lo antedicho, podemos valorar lo avanzado que se encontraba Spinoza para su época. Especialmente, en cuanto a los temas que aun para el hombre actual le resulta difícil entender y cuanto más llevar a la práctica, siendo muchas de esas concepciones vigentes para las sociedades más avanzadas, plasmadas en tratados internacionales, constituciones y leyes; perpetuándose de esa manera más su idea que su nombre, entre las luminarias de la filosofía universal.