• Caracas (Venezuela)

Jesús Durán Zorrilla

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Jesús Durán Zorrilla

Memorias de un Bolívar “débil”

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En cada ocasión en la que debo cancelar alguna compra en un mercado o abasto, se me hace inevitable recordar aquellos años de mi llegada a Caracas a estudiar. En aquel entonces, año 2002, decidí buscar trabajo y procurar costearme todos mis gastos, aunque nada me obligaba a ello, pero se trataba de un asunto de desafío personal y de lograr independizarme económicamente. Lo anterior me llevó a transitar por diversos trabajos que por la misma necesidad de cubrir todos los gastos que me causaba la estadía en Caracas, hizo que me convirtiera en un trabajador a tiempo completo.

En aquellos años vivía en una residencia cercana a la universidad, y debía también pagar la universidad privada en la que estudié y cuya facultad era, si no la más cara, una de las más caras del país, además cubrir mis gastos de alimentación. Cercano a la residencia donde vivía, había un supermercado Cada (¿lo recuerda?), llenar un carro del supermercado me costaba apenas 40 bolívares con productos que no escaseaban y además tenía para elegir la marca de mi preferencia; por supuesto, lo que se ganaba trabajando también era inferior a lo que se gana ahora, sin embargo, el dinero rendía para hacer muchas cosas. Pero como se trata de un cuento muy largo que ameritaría un café con usted amigo lector, para así narrarle un sin fin de anécdotas, vamos a dejarlo por ahora hasta aquí, y no se me ponga nostálgico por esa Venezuela que progresivamente fuimos perdiendo.

El 1° de enero de 2008 al presidente Chávez se le ocurrió cambiar la moneda y llamarla bolívar fuerte, obviamente, su intención fue la de rendirle tributo a El Libertador; sin embargo, el presidente tenía una facultad especial completamente contraria a la del rey Midas, quien convertía en oro todo lo que tocaba, pues Chávez lo convertía en todo aquello que usted pueda considerar lo opuesto al oro. Y así de ese modo, como le han ido cambiado el nombre a muchas cosas en nuestra maltratada patria, le cambiaron el nombre a la moneda, como un mal augurio para la posteridad.

Resulta triste que a un personaje tan relevante para la historia de Venezuela y de trascendencia continental como lo fue Simón Bolívar, le sea utilizado su nombre para denominar a instituciones, colegios y universidades públicas deficientes, y aun más, a la moneda nacional que no sirve para nada ni en Venezuela y vergonzosamente tampoco fuera del país. En vez de la moneda llamarse bolívar debería llamarse chávez (sarcasmo), para dejar descansar en paz al Libertador de América y darle a cada quien el puesto o el valor que se merece en la historia. Si nuestra economía continúa por el rumbo que lleva, el gobierno debería considerar, al menos por respeto y consideración a la memoria de Simón Bolívar, cambiarle el nombre a la moneda nacional. Me parece que otros países han sido más prudentes en este tema, al darles unas denominaciones  a sus monedas distintas a los nombres de sus héroes nacionales. ¿Usted qué opina?

@duranzorrilla