• Caracas (Venezuela)

Jesús Durán Zorrilla

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Joven, empínate

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En esta oportunidad haré referencia a una publicación de la autoría del maestro Luis Beltrán Pietro Figueroa en el año 1968, cuyo título fue “Joven, empínate”. Particularmente, me resultó oportuno escribir sobre su contenido a pesar de los muchos años que han transcurrido, ya que contiene valiosas ideas que no han perdido vigencia, debiendo ser tomadas en cuenta por los jóvenes que hemos apostado por el país (nuestro país), sin renunciar a ese esfuerzo de seguir impulsándolo a través del estudio y del trabajo, poniendo en práctica aquella frase imperecedera de J. F. Kennedy: “No preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregunta lo que tú puedes hacer por tú país.”. En nuestro caso, aplicándose ese “hacer” a Venezuela.

El título proviene de una anécdota sobre la madre del general Antonio Maceo, jefe militar del ejército libertador de Cuba quien luchó contra el dominio español; curiosamente, él era hijo de un venezolano. La madre del mencionado líder militar, ya habiendo perdido dos de sus hijos en combate, se dirigió a su hijo menor diciéndole “y tú pequeño, empínate, para que vayas a defender la libertad de Cuba”.  

Tal suceso fue narrado por el maestro Luis Beltrán Pietro Figueroa en una asamblea popular celebrada en la población de Caucagua (estado Miranda), predicándole a aquella muchedumbre venezolana: “empínense, jóvenes, para que concurran al trabajo de construcción de una patria nueva”. Dicha expresión resulta un llamado para emprender un esfuerzo personal y colectivo para que hoy podamos aspirar a una refundación de la República. Dice el maestro que “cuando en la sociedad dominan fuerzas reaccionarias que quieren meter a la gente dentro de un molde estrecho, insuficiente para contener el impulso de crecimiento, el molde se rompe en mil pedazos”. El modelo de gobierno que se nos ha presentado como “revolucionario”, ha sido por demás símbolo de atraso y restricciones para la juventud venezolana, que sí quiere dirigirse hacia un destino verdaderamente revolucionario pero en materia de progreso nacional, prosperidad económica, seguridad personal y de un sistema democrático sano donde existan propuestas y candidaturas con la formación y capacidad suficiente para asumir las riendas de la nación.

A nuestra generación de jóvenes se nos ha presentado un problema muy peculiar, estamos siendo desmotivados de manera constante, en primer lugar, por parte de un gobierno que ha generado condiciones de vida humillantes para el venezolano; y en segundo lugar, tenemos a nuestros allegados tratando de convencernos para irnos del país, y convertirnos, como una vez mencionó una buena amiga, en “balseros del aire”, haciendo alusión a las huidas por Maiquetía hacia un país ajeno y desde luego a la realidad cubana.

Somos nosotros quienes debemos comenzar a generar los cambios en Venezuela y no esperar que sea un hombre o una mujer quien los realice, superar de una vez por todas esos descontrolados señalamientos y conjeturas de sobre quién recae la responsabilidad de la situación actual.  En tal sentido, afirma el maestro que: “El cambio se produce porque el hombre lo requiere y lo procura. Cuando se pierde el impulso renovador es porque la capacidad creadora ha dejado de funcionar y la sociedad entra en una etapa de decadencia o ve entorpecido su desarrollo. Los jóvenes se quejan de los viejos y los viejos se quejan de los jóvenes”. En consideración a lo antedicho, no nos podemos quedar atascados en el pesimismo o en la resignación, más bien debemos sacar de nosotros ese afán renovador que caracteriza a la juventud y que es el combustible del progreso de cualquier país.

A partir de ahora debemos considerar como Conservadores a aquellos que detentan el poder y aprovechan el status quo, y nosotros, los que queremos cambio, somos auténticos Revolucionarios. Esa es la lucha a la que no debemos renunciar, ya que esos Conservadores, es decir, los cabecillas de este gobierno, en aras de preservar sus privilegios, se opondrán siempre a cualquier manifestación de cambio para el país. El maestro comenta que: “El esfuerzo contra el obstáculo templa el espíritu y el músculo, hace que el joven se encuentre a sí mismo, porque ha vivido una experiencia. Toda oposición, todo obstáculo ha de tener para el joven el sentido de un motivo de superación en el esfuerzo. Vencer el obstáculo y no dejarse vencer por él es la actitud que corresponde al joven en la formación de su personalidad.”, y continúa en un tono de llamado de atención que: “La excesiva comodidad, la molicie, el descanso sin haberse cansado, son señales de prematuro envejecimiento.”.

No se trata de una negación de la realidad nacional, todo lo contrario, se trata de ver con claridad la magnitud del problema y asumirlo como propio, como nuestro, porque así lo es. De esa manera buscar los mecanismos de solución y prestar el esfuerzo necesario sin limitarnos solamente al trabajo y al estudio, porque el país nos pide más que eso.

Para finalizar, dejando de tomar en cuenta otras grandes reflexiones del citado Luis Beltrán Pietro Figueroa, comentó el maestro que: “Si esta civilización carcomida de miseria moral, enferma de injusticia, mancillada de sangre y de ignominia, en la cual la ambición desmedida de regalías y de bienes materiales cegó los cauces del amor humano y de la comprensión, ha de salvarse, obra será de la juventud, que con el sano idealismo de sus años restituirá a su puesto de justicia y enseñará a respetar los valores humanos, enseñará a amar la vida armoniosa del esfuerzo en el deber”. Así que no envejezcamos esperando un cambio, seamos desde ya hacedores de una nueva y mejor Venezuela. ¡Joven, empínate!

jesusduranzorrillaprensa@gmail.com

@duranzorrilla