• Caracas (Venezuela)

Javier Vivas Santana

Al instante

El fracaso del cierre “fronterizo”

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Sistema antiescasez, sistema esencialmente centrado en un acontecimiento eventual, un acontecimiento que pudiera producirse antes de que se inscriba en la realidad. No hace falta insistir en los conocidos fracasos, mil veces comprobados, de ese sistema.

Michel Foucault –Seguridad, territorio, población–

 

Luego del cierre de la llamada “frontera” entre Colombia y Venezuela, aclarando que lo que realmente se cerró son los límites legales al acceso del primer país, en virtud de que la auténtica frontera es un espacio heterogéneo de intercambio de actividades en las relaciones humanas de carácter político, económico, social y cultural, sean estas legales o ilegales, es evidente que tal decisión por parte del gobierno venezolano no podrá (salvo detener en mínima parte el contrabando de combustible) garantizar la seguridad alimentaria de la población, hoy sumida en un profundo desabastecimiento, así como tampoco detener el alza desmedida del valor del bolívar ante el dólar en el llamado mercado paralelo, fundamentalmente aquel cotizado en casas de cambio de la nación circunvecina.

Hoy, Nicolás Maduro sigue aferrado a extender el suplicio que vivimos al negarse a la aplicación de medidas que requiere el país para aliviar el enorme gasto público, en muchos casos improductivo, y ejecutar acciones que, si bien son de orden pragmático, son indispensables para que el Estado pueda deslastrarse de seguir emitiendo dinero inorgánico que a la postre lo que termina es generando mayor inflación; razón por la cual, de extenderse esta situación de empobrecimiento nacional, la violencia, no solo la que es producto de la delincuencia, sino la que hemos visto por adquirir bienes esenciales entre personas que por razones forzadas pasan horas en una cola ante cualquier expendio de productos, va a terminar materializándose en una terrible confrontación entre venezolanos, sobre lo cual, más allá de las “justificaciones” que algunos voceros del gobierno pudieran darnos de llegar a producirse hechos de calamidad humana, la verdad es que el hambre arrasaría cualquier vestigio sobre lo muy poco que nos queda de institucionalidad y, peor aún, como sociedad.

Urge implementar medidas como el aumento del precio de la gasolina. El mayor contrabando de ese producto no es llevado a Colombia en los tanques de modestos vehículos. Las mafias en la comercialización ilícita de los combustibles son transportados en camiones cisternas y por vía marítima no solo hacia Colombia, sino también hacia Brasil, Trinidad y Tobago, islas del Caribe e incluso Guyana (zona en reclamación). Sobre ello, ¿por qué, entonces, no terminan de “cerrar” el resto de los límites que tenemos con los otros países, además de la nación neogranadina?

Lo mismo ocurre con el contrabando de alimentos. Cuando Maduro, alegando una incursión de “paramilitares” que habrían herido a castrenses nuestros en un sector limítrofe entre Colombia y Venezuela, apuntó tal acción para tomar una de tipo político, pues también queda en evidencia que los venezolanos que son explotados y asesinados en el estado Bolívar por las mafias de oro, al parecer, esas pérdidas humanas no interesan mucho para su gobierno, así como tampoco los desmanes que esa minería ilegal causa para la economía del país. En otras palabras, habría que interpelar al gobierno. ¿Hay un contrabando bueno y hay un contrabando malo? ¿O el “contrabando” depende de cuál es el tipo de gobierno que está en el poder en cualquiera de los países vecinos que sea del agrado o no de Maduro y sus séquitos?   

Igualmente, debemos preguntarle al gobierno: ¿se ha detenido el alza de la cotización del dólar paralelo y de los precios en Venezuela, luego de cerrar los accesos legales de tránsito hacia Colombia por los estado Táchira, Zulia, Apure y Amazonas? ¿Aparecieron los productos de primera necesidad o todavía las redes de distribución de alimentos, incluyendo las del propio gobierno, presentan colas interminables y de angustia para la población?

Maduro, con su característica de gobernante litri, insiste en mantener un poder omnímodo desde la fuerza del valor del petróleo como recurso estratégico geopolítico, ignorando que el llamado oro negro ha pulverizado la economía de Venezuela como fuente primordial de ingresos. Hoy Maduro, como la mayoría de los venezolanos que dependemos de salarios insuficientes, intenta sobrevivir en el poder solo con el petróleo.

El cierre de la “frontera” con Colombia no aliviará las tensiones sociales del país, ni tampoco detendrá la crisis económica. El país requiere de otro contexto geoeconómico y político.