• Caracas (Venezuela)

Javier Vivas Santana

Al instante

Maduro ha liquidado al país

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Visión ontolológica

“Los espíritus alicortos son malévolos; los grandes ingenios son admirativos. Estos saben que los dones naturales no se transmutan en talento o en genio sin un esfuerzo, que es la medida de su espíritu”.

José Ingenieros. El hombre mediocre.


No hay dudas de que Venezuela ha entrado en una etapa no solo peligrosa en el contexto de la institucionalidad, sino que además el pueblo, esa misma gente que en 1998 y elecciones sucesivas llevaron a Hugo Chávez a la Presidencia de la República hasta 2012, ha dejado de confiar en quien por razones forzadas lo ha sucedido en el poder.

Tal vez algunos, con razón o sin ella, aleguen que la postración moral, ética, política, económica y social que vive Venezuela haya sido originada antes que Nicolás Maduro accediera a Miraflores en 2013. Ese no es el debate. El debate tiene que ser cómo en dos años al frente del gobierno Maduro ha estado inerte, amorfo en la conducción del Estado, permitiendo que la crisis económica, como efecto de la baja en los precios del petróleo haya dejado sucumbir a la nación en términos de hambre, escasez de alimentos, ausencia de productos esenciales, inflación de tres dígitos, desaparición del aparato productivo y una corrupción sin precedentes en la historia contemporánea, con una dilapidación de recursos que asciende a la suma de casi 260.000 millones de dólares, según lo han denunciado sectores disidentes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), ubicados en el ala de Marea Socialista (MS).

Por ello, es contradictorio que un gobierno que se autodenomina “socialista” prefiera pagar en este momento de la historia sus acreencias internacionales en dólares a las élites capitalistas del mundo, en vez de haber renegociado la deuda externa y, en consecuencia, con las pocas divisas que se generan por concepto de renta petrolera, suplir las importaciones básicas del país. Ese es el origen de las colas. Allí está el núcleo del fracaso de Maduro. No es un gobierno socialista. Se comporta como el más rancio neoliberal al preferir sacrificios para el pueblo que entablar diálogo con sus prestamistas. Más pernicioso resulta continuar entregando lo poco que nos queda de “soberanía” a China al permitirle la explotación de nuestros recursos naturales por el cambio de unos autobuses, vehículos y electrodomésticos que en pocos años serán chatarra.

El gobierno no entiende que nada vale que se entreguen las llamadas “tabletas” y “canaimas” en escuelas o liceos, vociferando en otros países, en especial los vecinos, que la educación en Venezuela es “gratuita”, cuando por, el contrario, nuestra educación se ha convertido en una de las más costosas del mundo, debido a los inalcanzables precios de los uniformes o útiles escolares, o la manutención universitaria.

Se insiste en una errada política asistencialista mientras la educación es asaltada no solo en su conjunción de valores e historia, sino destruyendo la carrera docente al pagarles salarios miserables a los responsables de impartir el conocimiento en todos sus niveles.

¿Cómo puede hablar un gobierno de que nos estamos convirtiendo en una “potencia”, cuando ambulatorios ni hospitales tienen insumos médicos básicos para atender las emergencias? ¿Es posible garantizar la salud a un pueblo sin médicos o especialistas que han emigrado del país debido a las nulas oportunidades de desarrollo profesional que les ofrece un Estado en materia salarial y de beneficios sociales? ¿Cómo puede un ciudadano común acceder a sus medicamentos cuando el Estado no proporciona a los laboratorios las divisas indispensables para que estos importen sus materias primas?

¿Puede comprender el gobierno que hasta entregar casas o viviendas es un fin que se vuelve exiguo cuando a los pocos días esa familia observa que tiene su nevera vacía de alimentos, porque no los encuentra o, peor aún, ya no puede comprarlos porque sus ingresos resultan insuficientes para comer?

Para colmo, la justicia se ha convertido en una entelequia. Cualquiera que critique o disienta del gobierno en términos de su conducción política o económica puede ser perseguido y hasta sentenciado sin el mínimo pudor de conciencia. Ello envenena el espíritu de la coexistencia por la tolerancia y respeto a las distintas formas de pensar. Que no queden dudas. Maduro ha liquidado al país.


@jvivassantana