• Caracas (Venezuela)

Javier Vivas Santana

Al instante

“El Cumanazo”

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Desde hace tres años hemos venido advirtiendo la profunda crisis política, económica y social del país originada desde el mismo momento en que Maduro fue elegido presidente de la República.¹

En efecto, lo ocurrido en Cumaná, estado Sucre el 14-6-2016 (precedido el día anterior por protestas en Cariaco, en el mismo estado) en esa primogénita del continente, podemos bautizarlo con un nombre: “el Cumanazo”, el cual dejó fallecidos, heridos, saqueos y cientos de detenidos; protesta que a la final terminó siendo “controlada” por la represión militar.

¡Sí! No fue un “Caracazo”; fue una explosión social que ocurrió desde el interior del país, desde el corazón del oriente venezolano. Poblaciones que ayer eran productoras agrícolas (incluyendo del mejor cacao del mundo) y pesqueras, han quedado arrasadas por la ineptitud y la indolencia de un gobierno en la ejecución de equivocadas y nefastas políticas públicas, que jamás escuchó al pueblo en sus necesidades, sino que encerrado en su soberbia, prefirió condenar al hambre a la mayoría de las regiones del interior del país, especialmente las más apartadas para darle preferencia a Caracas en la distribución de los pocos alimentos que llegaban a los puertos venezolanos, creyendo que con ello no se presentarían alteraciones sociales con profundas repercusiones políticas.

La realidad ayer quedó desnuda en Cumaná. Un pueblo cansado de las colas. Agotado de las humillaciones al ver el cómo (si tenía suerte) podía regresar a su casa con un kilo de harina o de pasta, lo cual resultaba insuficiente para la alimentación de sus familias, terminó implosionando por razones de no encontrar alternativas mínimas para satisfacer sus necesidades básicas.

“El Cumanazo” es la respuesta desesperada ante una mafia de la economía, llamados “bachaqueros”, que se han convertido en hampa organizada en la compra y venta de alimentos, quienes actúan con la mayor impunidad posible, apoyados por “funcionarios” civiles y militares en conchupancia con jerarcas de empresas privadas, quienes además de la perversa inflación que hace incomprables los escasos productos que llegan hasta los anaqueles, los bachaqueros son una especie de bomba molotov que solo intenta apagar el fuego con más gasolina.

“El Cumanazo” es una desesperada respuesta, en donde, es cierto, se combina necesidad con vandalismo, pero tampoco es cierto, como pretende hacerlo ver el gobierno, que es un plan para derrocarlo. ¡Mentira! No puede ser acusado un pueblo harto de engaños, empobrecido y vilipendiado como “desestabilizador” o “guarimbero”. Eso es negar la realidad social que afronta Venezuela. Es seguir viendo el espejo al revés.

En el país, todos los días ocurren saqueos y protestas por falta de comida, ausencia de medicinas, escasez de autopartes, pésimos servicios públicos, delincuencia y asesinatos, lo cual aunado a la corrupción y rasgos totalitaristas del poder, simplemente nos conducen hasta el abismo. Nos llevan hasta un punto sin retorno.

El 27 de febrero de 1989, apareció “el Caracazo”, como respuesta de un pueblo que, engañado por una élite del poder, respondió sus pensamientos nugatorios con una inmensa explosión social, dejando sangre, mucha sangre que hoy todavía estamos llorando.

Ayer fue “el Cumanazo”. Mañana no será otro Caracazo, ni un cumanazo. Será la suma de todo un país. No invoquemos “el Venezolanazo”. El gobierno tiene la obligación en desactivar la bomba de tiempo. Maduro tiene la palabra. Hay que convocar una Asamblea Nacional Constituyente. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea

 

¹ http://www.aporrea.org/actualidad/a164093.html