• Caracas (Venezuela)

Javier Vivas Santana

Al instante

Carta pública a Freddy Bernal

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

 

“El poder instituido es un poder diferenciado, y en esto Foucault tiene razón (contra sus razones) de que el poder es una estructura de fuerzas entrelazadas y mutuamente constituidas. Estas mediaciones o nudos eficaces son instituciones que producen una “re-flexión” de la comunidad indiferenciada (con poder instituyente) sobre sí misma como comunidad diferenciada (con poder instituido). Sin diferenciación no puede actualizarse el ejercicio del poder político. Ejercer la fuerza de una parte de la sociedad contra la otra es neutralizarse, debilitarse, aniquilarse. Cuando los momentos diferenciados se autonomizan, se fetichizan o se utilizan en favor del propio interés del que ha sido elegido para su ejercicio delegado, obediente, el poder se corrompe, disuelve su fundamento, excluye de la participación del poder político a los otros miembros de la comunidad (...) Pasa al ejercicio de la fuerza como dominación, como gobernabilidad cínica o como pura violencia (...) Cada miembro de la comunidad política, entonces, no entrega nunca al gobernante el poder. Solamente le delega su poder, debiendo siempre, continuamente, fiscalizarlo, juzgarlo y hasta recuperarlo cuando es necesario por la renovación del mandato o en caso extremo por la rebelión justa”.

Enrique Dussel. Política de la liberación arquitectónica. Volumen II

 

Estimado Freddy:

Discúlpame si el inicio de esta carta se funda en un epígrafe un poco largo del filósofo y pensador argentino (aunque exiliado y nacionalizado mexicano) Enrique Dussel. Es probable que esas palabras nada te digan, bien porque las conoces en demasía por tu formación ideológica, o tal vez, porque jamás hayas leído tal análisis ontológico, histórico y teorético de la política, pero en ambos casos, estás claro, desde las posiciones de poder que has ejercido, de las diferencias y relaciones que existen y se (de)construyen entre poder instituyente y poder instituido.

Freddy, el país con la muerte de Hugo Chávez ha entrado en una profunda anomia. Estamos en una permanente sima (si con “S”) sin retorno. Pareciera como una vez mencionó José Joaquín de Olmedo en ese hermoso poema “La victoria de Junín”, cuando narraba con su indistinguible pluma la acción heroica de Bolívar y Sucre junto con el Ejército Libertador de pardos, negros, mestizos o mulatos quienes trascendieron con su sangre el espíritu de nuestros antepasados para hundir en el averno a las huestes derrocadas; ahora somos nosotros, los descendientes de Bolívar, quienes nos hundimos en ese mismo infierno.

Freddy, el país está sumergido en una crisis económica, política y social. Todos los sabemos. Pero ¿cómo pudimos, en el medio de un gobierno nacionalista, que logró levantar la identidad nacional resquebrajada por años de corrupción e inmoralidades antes de que llegara Hugo Chávez al poder, repetir tan desgraciada historia? Solo hay una respuesta. Esa misma corrupción e inmoralidad se multiplicó por quienes, ejerciendo el poder instituido, despedazaron por completo las esperanzas del poder instituyente.

Basta ver cómo tenemos un pueblo desesperado que agoniza en sus necesidades de hambre, pobreza y necesidades básicas insatisfechas, mientras vemos burócratas quienes hasta moldean jovencitas de humildes barrios, a su imagen y semejanza con el mundo de “sin tetas no hay paraíso”. Burócratas que, mientras ese mismo pueblo les implora que por un momento se mezclen con ellos en su desesperanza, ellos se regodean en lujosos espacios “sociales” fuera y dentro del país con el dinero de la República.

Freddy, pero más allá de todos esos problemas que significan la destrucción de un gobierno, por no decir del Estado, la muerte ha sido, es y sigue siendo la carta de presentación de 17 años de gobierno. Ni el mismo Chávez, colocándote en posiciones de poder, primero como alcalde de Caracas en dos oportunidades, dejando posteriormente en esas “funciones” a alguien de su extrema confianza y la tuya, como Jorge Rodríguez (quien, por cierto, desde la debacle parlamentaria lo mandaron a callar), y luego con aquellas “habilitantes” que tú aprobaste tanto al propio Chávez como a Maduro para solucionar el problema de criminalidad en Venezuela, nada de eso ha podido contra los auténticos desestabilizadores no de un gobierno, sino de un pueblo y sus familias.

Freddy, a ti, que recientemente ejerciste (en clara violación de la ley) de manera dual como diputado y superasesor de Maduro en materia de seguridad, es decir, funciones disfrazadas de ministro, te pregunto: ¿qué pasó con los cuadrantes? ¡Sí! Esa comiquita de llamar a un teléfono celular para que llegaran los policías casi de inmediato al sitio de los acontecimientos de alteración social, verbigracia, atracos, robos, asesinatos, entre otros. ¿Qué hiciste con aquella articulación de una Policía Nacional Bolivariana (PNB), al igual que el resto de los cuerpos de “seguridad” (¿o inseguridad?) del Estado, para desterrar dentro de ellos las mafias que los habían infiltrado en relación con narcotráfico, hampa organizada o grupos de cuello blanco? Pues, ¡nada hiciste Freddy! Salvo merodear de paltó y corbata, típico de los burócratas, pasearte por los medios para explicar lo inexplicable de planes sin sentido, mientras la población era diariamente robada, asaltada y asesinada.

¡Freddy! ¿Acaso, para ver esa realidad tuviste que ver correr la sangre de quien fuera uno de tus más cercanos colaboradores y amigos? ¿Y entonces? ¿Dónde quedaron tus amigos del alma, Eliécer Otaiza, Robert Serra y hasta Danilo Anderson, de quienes aún solo tenemos condenados sin “testigos estrellas”? ¡Freddy! ¿Dónde estabas cuando hubo aquel espantoso asesinato de los hermanitos Faddoul? ¿Son nuevas las denuncias sobre sicariato, secuestro, extorsión, robos, exterminios, incluso por parte de las propias policías?

Pero, ¡no, Freddy! Si bien Chávez siempre reconoció que la inseguridad era su principal problema y promesa incumplida en su gobierno, considero que por rodearse de burócratas como tú, quien, por cierto, tienes una visita registrada en tu pasaporte en Irak, en tiempos de Saddam Hussein, tal vez, supongo para recibir asesoría del cómo atacar la delincuencia ¿o me equivoco?, pues ni esa “ayuda” y conocimiento han servido para limpiar a un país, que hoy, si algo le sobra, al punto que si algo estamos exportando son malandros (incluyendo quienes han robado el tesoro público) mafias y asesinos.

Por último, ¡Freddy! Si hasta uno de los candidatos frustrados de un bodrio que se transmite por el canal del Estado, al cual llamo “Bazofia Conducta” tenía 12 discípulos de seguridad, pues, seguramente tú cuentas con los mismos, a lo mejor por ello jamás vas a preocuparte por tu vida ni la de los tuyos. Por mi parte, al igual que millones de venezolanos(as) nos queda encomendarnos no solo en tiempos de Semana Santa sino durante todos los días, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo para que cuide nuestras vidas.

 

Freddy recibe mis afectos.