• Caracas (Venezuela)

Jair de Freitas

Al instante

Es tiempo de cambiar

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Sorprendería a estas alturas que alguien se crea en serio eso de que las largas filas para comprar algún artículo de primera necesidad es culpa de “la burguesía”, es decir, de quienes dice el régimen que no han vuelto y no volverán. La verdad es que los venezolanos tenemos muy claro que la fantasía de la guerra económica no es otra cosa que un esfuerzo desesperado por esconder la ineficiencia extrema de un gobierno que no logra satisfacer ni la necesidad más elemental de los habitantes de nuestro país. Revisando algunos discursos de esta semana, viene a mi mente aquella frase que bajo el epígrafe de “los roedores de la gloria escribió José Ingenieros en el conocido libro intitulado El hombre mediocre: “La incapacidad de crear les empuja a destruir”.

El discurso rojo perdió levadura, abrazarse al rencor ya no da frutos y el miedo facial que acompaña las temerarias alocuciones resulta inocultable. Las promesas políticas se desvanecen rápidamente en cada supermercado, farmacia y demás tiendas al detal porque la gente tiene clara una cosa: el intervencionismo económico acabó con el aparato productivo nacional. Mientras la frustración crece, las soluciones brillan por su ausencia. Derrotas se maquillan de victorias y el sincericidio económico se pospone agravando al paciente, como extendiendo su agonía. Con el permiso del famoso programa español aquel: ¡Aquí no hay quien viva!

Quiero recalcar la conclusión de mi columna de esta semana en el portal de La Patilla: El hombre nuevo del zoocialismo del siglo XXI no trabaja, sino que pasa trabajo. Estamos en un país donde la economía informal es al mismo tiempo una solución y un problema, cosa que no se resuelve modificando la definición de empleo en el Instituto Nacional de Estadísticas. Mientras el diario República publicó nota de prensa este viernes según la cual la petrolera Schlumberger recortará 9.000 puestos de trabajo debido a la caída de los precios del petróleo, en la Venezuela petrodependiente nos engañamos diciendo que tenemos un desempleo inferior a  6% cuando resulta que extraoficialmente se sabe que nuestro producto interno bruto sufrió una contracción superior a 4% durante 2014 ¿a quién creen que engañan cuando ocultan, retrasan y maquillan cifras?

Dice Giordani en la introducción de su libro intitulado La transición venezolana al socialismo que “…mientras exista pobreza el socialismo seguirá siendo una esperanza para los pueblos…”. En otras palabras: sin pobreza no hay socialismo, por lo que asusta que quienes regentan sostengan que la revolución llegó para quedarse, porque eso implica que la pobreza también. En una relación directamente proporcional, a mayor pobreza más robusto se hace el régimen, lo cual está en perfecta sintonía con aquella tristemente célebre frase ministerial según la cual: “No es que vamos a sacar a la gente de la pobreza para llevarla a la clase media para que después aspiren a ser escuálidos”.

Sostiene José María Ridao en su libro La elección de la barbarie que luego de una escala de pequeños y grandes contratiempos, sacrificios e incluso atroces requerimientos hechos en nombre de una causa, los pocos avances posteriores se hacen ya no tanto por la meta propuesta como sí por un tributo pagado que conmina a continuar. Pero llega el instante en que toca decidir sobre si continuar o no por un sendero al que se ha llegado tras una cadena de errores fatales y no pocos desatinos. En esta hora difícil que nos corresponde vivir, ante un país vuelto añicos, la reflexión conduce a una conclusión: es tiempo de cambiar.