• Caracas (Venezuela)

Jair de Freitas

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Jair de Freitas

Futuro sin futuro

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 El 12 de febrero de 2014 (día de la juventud) se convirtió en el hito que marcó el inicio de las protestas estudiantiles. Como lo indica el diario El Nacional en su primera página, luego de tres meses de manifestaciones continuas, el saldo supera los 40 muertos, 3.000 detenciones y 170 personas privadas de libertad. A pesar de las continuas denuncias de violación de derechos humanos fundamentales en el actuar de la fuerza pública, los episodios de choque no concluyen. La pregunta que hoy se formula dentro y fuera del país es ¿por qué tanto reclamo y protesta, es decir, a qué se debe la ingrata inconformidad si según el régimen supuestamente somos “un país chévere”?


Para el diccionario de la Real Academia Española, la palabra chévere aduce a lo agradable, estupendo, muy bueno o excelente con altas dosis de benevolencia e indulgencia. Debe ser por eso que en días pasados se inició un recio ataque a concentraciones y vigilias estudiantiles, los cuales arrojan como saldo un vertiginoso incremento del número de personas arrestadas y privadas de libertad. Como nuestro país es muy estupendo, entre enero y abril de 2014se registró la chévere cantidad de 4.680 homicidios.


En nuestra excelente Venezuela, el índice de escasez de alimentos coquetea con la baranda del 30% y al mismo tiempo se reconoce abiertamente que en el mes pasado 19 alimentos prioritarios registraron fallas de abastecimiento entre el 50% y el 100%. Y como si lo anterior fuese poco, los productos que intermitentemente regresan a los anaqueles de los supermercados son secuela del sincericidio de los precios. Dicho en otras palabras, la oferta de más por menos consiste en que cada vez usted paga más por llevarse a casa menos.


La benevolencia nacional muestra su verdadero rostro cada vez que con el más vil rencor se niegan medidas humanitarias a las personas privadas de libertad que lo ameritan. La indulgencia del régimen se retrata con excesiva puntualidad en cada expediente penal que acuerda el traslado de estudiantes a centros penitenciarios de máxima seguridad, por el solo hecho de ejercer sus libertades públicas. Como lo afirmé en días pasados en redes sociales, el problema radica en que la Revolución utiliza un diccionario distinto al nuestro. 


En efecto, para el régimen disidencia es incitar al odio, costo de reposición de inventario es usura, el derecho a la protesta es un golpe suave, inventario es acaparamiento, manifestante equivale a terrorista, opositor es sinónimo de golpista, intelectual es conspirador, empresario es explotador, escasez es en realidad abastecimiento seguro, los colectivos armados son embajadores de la paz, estanflación es el paradigma de un modelo económico exitoso y el número del diablo no es el 666 sino el 350.


En lo laboral, el informe del Instituto Nacional de Estadística arroja que para el mes de febrero de 2014 el desempleo juvenil alcanzó el 15,8% (es decir, más del doble respecto de la tasa de desocupación general). La posibilidad de encontrar una plaza de trabajo tras completar su formación se agudiza porque muchas de las empresas que hacen vida en el país chévere están tambaleándose a causa de inadecuadas políticas económicas que se han perpetrado desde 1999 hasta la fecha. Aunado a lo anterior, el 39% de la fuerza de trabajo del país se desempeña en el llamado sector informal de la economía, esto es, a la sombra del autoempleo. A pesar de ello, nuestro Poder Legislativo no discute el Proyecto de Ley del Primer Empleo que con todo y sus defectos reposa en la Asamblea Nacional de hace un poco más de dos años.


Entonces ¿Por qué tantos reclamos y protestas en nuestra Venezuela Chévere? Supongo que se debe a que quienes ejercen sus libertades públicas no están dispuestos a aceptar un futuro sin futuro.