• Caracas (Venezuela)

Jair de Freitas

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Falacias obreras vs propuestas constructivas

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Que un marxista confeso invoque a Dios como solución para una crisis económica, más que una contradicción denota desespero. En efecto, quien tenga mediana idea de teología marxista, sabe que en muy apretada síntesis aquello se resume a una sola palabra: ateísmo. Así que la tan afamada expresión “Dios Proveerá” pronunciada en reciente discurso presidencial, no guarda ninguna relación con el Comunismo Cristiano de Étienne Cabet, Bloch, Drufenbock, ni Haggerty; sino que simplemente refleja la improvisación y falta de ideas para un modelo económico que estaba agotado mucho antes de que se pusiera en marcha en nuestro país.

La perorata en la Asamblea Nacional puso en evidencia importantes contradicciones laborales. Por ejemplo: ¿cómo se explica que el desempleo disminuya en un contexto de contracción económica? Más allá de la floja definición que maneja el Instituto Nacional de Estadísticas, la sombra de la duda acecha todas las cifras oficiales. Si en algo ha disminuido el desempleo juvenil, obedece más a la fuga de talentos que a la creación de nuevas plazas de trabajo.

El régimen llama exitoso y fortalecido a un modelo económico cuyo logro anual fue una inflación de 65%, la pronunciada escasez y una gran alarma general frente al desplome del precio del petróleo cuya dependencia nacional alcanza 95%. Producir en Venezuela es cuesta arriba: directa o indirectamente hay dependencia de los dólares y lo que se hace en el país no alcanza para satisfacer la demanda local. Por lo tanto, exportar para obtener ingresos en moneda extranjera no es viable en la mayoría de los casos (aunque esa sea la nueva exigencia gubernamental ante la sequía del mercado).

Otra falacia del discurso: ¡hay colas porque la gente ahora si tiene dinero para comprar! Si lo que dijo el presidente es cierto, entonces el problema no era ajustar el salario mínimo, sino fomentar mayor volumen de producción para que los bienes retornen a los anaqueles. Vamos a decirnos las cosas con el coraje de la verdad: el inconsulto ajuste del sueldo apenas dos meses después de la revisión anterior es la señal más clara de que la inflación real le devora los bolsillos a los venezolanos, reflejando al mismo tiempo el terror que tienen en Miraflores por las reacciones apocalípticas que pueda producir el futuro aumento del precio de la gasolina. Lo demás es populismo obrero que se reduce a veinticuatro bolívares diarios.

Decir que los correctivos técnicos propuestos en despacho presidencial son acertados pero que no se pueden implementar, no es una muestra de sensatez precisamente. Desde hace rato se sabe que no hay capital político para asumir el costo de las decisiones económicas que debemos enfrentar (menos aun en año electoral). El problema es que mezclando viejos cocteles de izquierda no llegamos ni a la vuelta de la esquina, pues sin excepción una crisis económica decanta en embates laborales donde todos los actores pierden.

El 21 de diciembre del año pasado presenté en esta misma columna mi opinión intitulada “Cinco alternativas laborales para 2015”, haciendo públicas mis propuestas para enfrentar los flagelos de la insuficiencia del salario, la protección del trabajo, el fomento de las fuentes de empleo, la retención del talento y el costo de la aplicación de la legislación laboral. Con la venia de los lectores, las resumo brevemente: 1. Implementar la concertación social como medio para establecer las condiciones laborales del país, dejando atrás el modelo de la imposición desde el Estado. En una crisis severa, es irresponsable ser ilimitadamente progresista. 2. Transitar a un esquema de flexiseguridad que disminuya la rigidez del contrato de trabajo, aumente la protección de las personas frente a la pérdida de empleo y fomente la formación y reinserción. Ya basta de esa hiperprotección que causa impunidad, ausentismo e incumplimiento de obligaciones laborales. 3. Fomentar con hechos el emprendimiento nacional, abonando en suelo fértil la creación de fuentes de trabajo y por tanto erradicando la visión de “empresario-enemigo”. 4. Transformar el mercado laboral, de tal suerte que se convierta en un escenario para el desarrollo profesional, progreso, bienestar, generación de riqueza y oportunidades de ascenso social. 5. Modificar los excesivos costos de la aplicación de la normativa del trabajo vigente con el objeto de lograr un mejor balance entre el salario y su impacto en los demás beneficios laborales.

Confieso que no es fácil poner en marcha las alternativas planteadas, sobre todo luego todos estos años de un discurso con orientación distinta. Queda de la sensatez del Ejecutivo nacional abrir el compás o enterrarse en el esquema existente. Mientras decide, está claro el contraste entre las falacias obreras y las propuestas constructivas.

@jair_defreitas

jair_defreitas_1@hotmail.com