• Caracas (Venezuela)

Jair de Freitas

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Jair de Freitas

Empleos en jaque

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Se cumplió el primer mes de protestas continuas en múltiples ciudades de Venezuela. A la fecha el diario El Nacional computa un saldo de más de 20 muertos, más de 40 personas privadas de libertad y más de 1.200 detenidos. La pregunta es ¿cuántos cambios y logros significativos tuvieron lugar en ese mismo período? Mientras el chantaje de los petrodólares recorre América Latina, el resto de la comunidad internacional tiene evidencias claras de la espantosa represión a las libertades públicas, la violación de derechos humanos fundamentales y del muy precario talante democrático del régimen.

El cóctel de protestas tiene que ver con corrupción, inseguridad, impunidad, inflación, desempleo, escasez y un largo etcétera que los habitantes de este país conocemos muy bien. El régimen en cambio defiende a los colectivos armados, felicita a la fuerza pública por sus acciones, sostiene un discurso agresivo y descalificador de los actores sociales, reprime la disidencia, desconoce su responsabilidad e insiste en el fracasado modelo económico intervencionista de corte comunista: esta vez, mediante el anuncio de un sistema digitalizado de abastecimiento seguro, que no es otra cosa sino la versión electrónica del siglo XXI de la libreta de racionamiento cubana. ¡Tremendo diálogo!

El régimen no termina de entender que el problema no es cuántos dólares se liquidaron o se dejaron de liquidar, sino que el modelo económico de los últimos quince años fracasó y que la asfixia constante de los factores productivos no podía arrojar un resultado distinto del que tenemos. En ese contexto resulta estéril la propaganda mediática y los discursos de carcaza que tratan de vender una versión distorsionada del asunto, porque sencillamente nada de eso llena los anaqueles ni vitrinas de ningún establecimiento comercial.

El parque industrial local está completamente disminuido desde todo punto de vista. Las paradas técnicas por falta de insumos, materias primas, y repuestos para maquinarias entre otros, están a la orden día y castigan el bolsillo de los trabajadores, quienes ya comienzan a dejar de percibir remuneraciones variables asociadas a producción y cumplimiento de metas. Pero para asombro de todos, los personajes que cacarearon que al cierre de 2013 más de 60% de la fuerza de trabajo se encuentra en el sector formal de la economía, son miopes y no se percatan de que la situación actual afecta directa o indirectamente a ese mismo universo de personas.

La iniciativa privada no puede seguir siendo vista como un mal necesario, sino como un catalizador de la economía y es deber del Estado garantizar el ejercicio de sus libertades económicas, no de restringirlas hasta vaciar de contenido un derecho que en nuestro país está expresamente reconocido en la Constitución. Oxigenar temporalmente a las empresas con recursos económicos (o con su promesa) a cambio de que disminuyan las protestas, es un chantaje ineficaz y moralmente reprochable que se aleja de las soluciones que reclama la sociedad venezolana.

La paralización económica ha frenado drásticamente la reinserción en el mercado laboral de aquellas personas que por una u otra circunstancia se han desvinculado de su empleo anterior. Esta semana se confirmó el incremento en la desocupación de locales, así como también la paralización en la construcción de 24 centros comerciales, situaciones que afectan las fuentes de empleo. La rigidez con la cual se concibió el esquema de estabilidad en la LOT no ayuda en lo absoluto y bastantes estragos causa a los patronos que hoy hacen el mayor esfuerzo posible por sostener la mayor parte de su fuerza laboral a pesar del contexto. Los trabajadores privilegiados que actualmente aún conservan su fuente de ingresos son conscientes de que el tema va más allá del estancamiento de un salario: en este tablero de ajedrez, los empleos están en jaque.