• Caracas (Venezuela)

Jair de Freitas

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Jair de Freitas

Doce deseos para Venezuela

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El martes 30 de diciembre se cumplen tres años de la publicación de mi primer artículo de opinión en El Nacional. Conservo con afecto el ejemplar físico de esa edición cuya página 6 confieso haber leído muchas veces. “Espejismo de inamovilidad” fue el tema aquella vez y que aun hoy conserva plena vigencia. Reflexiono entonces ¿por qué algo escrito hace años aun tiene tanta fuerza? Me vienen muchas explicaciones a la mente, pero mi razón sabe que la respuesta es bastante simple: ¡Nuestro país está estancado! ¿Espíritu navideño? Que alguien me diga dónde está escondido. La verdad es que el rostro de preocupación de la gente no encaja con los rituales de celebración propios de estas fechas.

El autoengaño nos lleva a confundir esperanza con anhelo, pero en el fondo sabemos que nada anda bien. ¿Quieren un indicador? Repasen los temas de sus respectivas cenas de nochebuena: tristeza por familias desmembradas producto migraciones de los últimos años, anécdotas sobre la escasez de algunos ingredientes o productos típicos de la mesa navideña, quejas compartidas por la inflación, conjeturas sobre el dólar que no debe ser nombrado, reflexiones sobre la tensa situación política, frustración por la impunidad, corrupción y pésima calidad de vida. ¿Y cómo es que un momento de compartir termina siendo un evento de catarsis colectiva? Porque nunca falta un erudito que diga: “La cosa está mal y el año que viene va a ser muy feo”. En cínico contraste, me imagino que la cena navideña del presidente obrero debió haber sido como aquella escandalosa que se mandaron en New York durante la Asamblea de la ONU y que costó casi 80.000 dólares.

Ante el cierre del año 2014, la pregunta es ¿por qué si estamos estancados y todo está tan mal tenemos que aceptar que las cosas sigan igual o peor? No es que los venezolanos merecemos, sino que tenemos derecho a un país mejor: no como inmigrantes sino en suelo propio ¿o es que le vamos a terminar de regalar el país a los que llevan rato robándose nuestro futuro? De esta Navidad que nos estropearon, aun nos queda el ritual de fin de año consistente en la ingesta de 12 uvas durante las 12 campanadas, oportunidad en que la tradición impone pedir 12 deseos. Por eso, en este artículo de opinión, voy a proponer una lista de deseos para Venezuela, con la vanidad de que si usted los comparte (en todo o en parte) lo difunda masivamente; y por qué no, anote alguno para su lista personal.

Primer deseo: así de primerito sin tener duda del orden: libertad plena para todos los perseguidos políticos de esta dictadura socialista. Me disculpan que no diga ninguno de los nombres, pero voy restringido en caracteres y ya debe estar por sonar la segunda campanada.

Segundo deseo: que todos los corruptos y testaferros que han despilfarrado el erario público sean juzgados, sentenciados y que sus bienes de fortuna mal habidos resulten confiscados.

Tercer deseo: que el artículo 29 de nuestra Constitución que establece que los derechos humanos fundamentales son imprescriptibles se vuelva letra viva.

Cuarto deseo: que el país recobre la institucionalidad democrática con verdadera independencia entre los poderes públicos y sin hegemonías partidistas.

Quinto deseo: que en lo adelante Venezuela sea siempre gobernada por gente capaz, honesta y comprometida con los intereses de la nación, que enaltezca con su trabajo a nuestro gentilicio en vez de abochornarlo.

Sexto deseo: que se termine la inseguridad que nos mantiene secuestrados en nuestros hogares y en alerta permanente en espacios públicos, así como también que cese la impunidad ante la comisión de delitos.

Séptimo deseo: que el sistema de relaciones laborales se base en la concertación y no en la confrontación de sus actores, donde el empresario no sea visto como enemigo, sino como el aliado para el progreso, generación de riqueza y bienestar.

Octavo deseo: que nuestro sistema de salud recupere el brillo perdido por causa de la dejadez y corrupción, dándole a nuestros connacionales el acceso real a la atención médica de calidad que nos merecemos tanto en medicina preventiva como curativa.

Noveno deseo: que el sistema educativo se reforme garantizando calidad en cada una de las etapas del proceso de formación, con neutralidad ideológica y con el norte de desarrollar el talento del futuro del país.

Décimo deseo: que cese el odio y la división que tanto daño nos ha hecho como sociedad en los últimos años, para poder construir juntos la Venezuela que queremos.

Undécimo deseo: que lo ocurrido en estos últimos años sea lección eternamente aprendida tanto para esta generación como para todas las siguientes, de tal suerte que los padecimientos y descomposición social de los que hemos sido objeto no se repitan nunca más en Venezuela.

Duodécimo deseo: que todos los que leen este artículo entendamos que no basta con pedir cosas, sino que tenemos que luchar para que todo cambie, con verdadero compromiso y entrega, logrando entre todos que uno a uno se vayan cumpliendo.

No fueron 12 uvas dulces, eso lo tengo claro. En este instante viene a mi mente un pasaje del poema de Andrés Eloy Blanco intitulado “Las uvas del tiempo”: “Y ahora madre, que tan sólo tengo las doce uvas de la Noche Vieja, hoy que exprimo las uvas de los meses sobre el recuerdo de la viña seca, siento que toda la acidez del mundo se está metiendo en ella, porque tienen el ácido de lo que fue dulzura las uvas de ausencia”. Reconstruyamos pues el país que nos merecemos y al que tenemos derecho, devolvamos la dulzura a nuestra patria y emprendamos juntos el sueño de esa nación grande que queremos con base en estos doce deseos para Venezuela.