• Caracas (Venezuela)

Jaime Merrick

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Jaime Merrick

1936 Y 2014

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Venezuela cambió en 1936. Murió Gómez y no había manera de precisar qué vendría ahora. Un país pacificado, sin oposición (Falke fue derrotado y Betancourt era un comunista en proceso de formación, todavía no era un hombre de Estado), atrasado, pobre, en ruinas, ignorante. Progreso y desarrollo eran palabras desconocidas. Caracas vivía de la añoranza de la época de Guzman Blanco. Venezuela toda era el siglo XIX viviendo en el XX…

Eleazar López Contreras fue el elegido. Estalló el país. Ese es el problema cuando los cambios políticos y sociales dependen de una persona. El poder hace a los gobernantes ilusos y se creen eternos.

López fue mucho más de lo que se esperaba de él. Significó y estabilizó lo suficiente al país. No fue un estadista pero tampoco fue Gómez; en fin, significó la apertura necesaria para que Medina asumiera un país en mediana tranquilidad. Fíjense la nobleza de la historia, al final López terminó siendo senador vitalicio y reconocido por aquel joven comunista del gomecismo, ahora convertido en demócrata y presidente de la república: Rómulo Betancourt.

De aquellos polvos, estos lodos.

“Si se presentara alguna circunstancia sobrevenida que a mí me inhabilite para continuar al frente de la Presidencia de la República, bien sea para terminar los pocos días que quedan (un mes) y sobre todo para asumir el nuevo período para el cual fui electo por la gran mayoría de ustedes, Nicolás Maduro no solo debe concluir el período… y elijan a Nicolás Maduro como presidente de la república. Yo se los pido de corazón”. Así fue como Maduro se convirtió en presidente de la república.

En ocasiones, las comparaciones de momentos históricos pecan por querer hacer coincidir exactamente una época con otra. Sin embargo, pueden existir rasgos generales que los asemejen; que nos puedan ayudar a comprendernos en el presente. Siempre guardando las distancias.

Maduro no es López, eso es evidente. Pero hay circunstancias generales como el profundo atraso del país frente al resto del mundo; la situación política caracterizada por un fuerte militarismo; una oposición que no representa un contrapeso político de riesgo para el gobierno; y una generación política que ya se encuentra en fragua, y que hoy comienza a dar sus primeros pasos en la política; son aspectos que me hacen asemejar a la Venezuela de 2014 con la de 1936. Una Venezuela de paso, en un tránsito que todavía no sucede. Pero que sucederá.

Venezuela todavía se niega a dar el paso definitivo a la modernidad y el desarrollo. Existen ataduras que nos impiden entrar en el siglo XXI. Nuestra histórica debilidad institucional, la ausencia de representatividad de los partidos políticos, un sistema económico paternalista, el (maldito) militarismo, la inflación, la inseguridad, la corrupción, la ausencia de oportunidades para los jóvenes profesionales, esas son las barreras que nos separan del desarrollo. Es como si los años ochenta y los noventa los estuviéramos pagando muy caro; como si aquellos tiempos se confundieran con estos. La Caracas de los ochenta y del “ta’ barato, dame dos” se ha convertido en la añoranza de la clase media. Hoy por hoy, somos un país mayoritariamente sin noción de desarrollo ni cultura democrática.

Desconcierto total.

Comparto la tesis de Ugalde, conforme a la cual, palabras más, palabras menos, los cambios políticos en Venezuela no vendrán desde la oposición sino desde el propio gobierno, similar a lo que sucedió en la España franquista.

Confieso que escapa de mi entendimiento, y por ende limita mi percepción de analizar a la Venezuela política, dos cosas: 1) la influencia de Cuba en estas circunstancias; 2) cuán fuerte es la vinculación de gobierno con el narcotráfico.

 

Jaime.merrick@gmail.com

@jaimemerrick