• Caracas (Venezuela)

Jaime Merrick

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El pragmatismo de la oposición venezolana

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De acuerdo con la el Diccionario de la Real Academia Española, el pragmatismo es: “Movimiento filosófico… que busca las consecuencias prácticas del pensamiento y pone el criterio de verdad en su eficacia y valor para la vida” (http://buscon.rae.es/drae/srv/search?val=pragmatismo). Para el pragmatismo –en definitiva–, lo verdadero es lo que funciona.

Hoy, ante una Venezuela arruinada, el pragmatismo –consciente o inconscientemente– es el discurso que ofrecen algunos dirigentes políticos de oposición para salir de esta crisis. Dice ser pragmático el que aboga por la salida inmediata de Maduro, por ser el único culpable de lo que sucede en Venezuela; y también es pragmático el religioso del voto: el que sostiene que hay que votar y punto, sin importar aspectos como las condiciones electorales o la vocación parlamentaria del candidato. 

Por su parte, se critica al pragmatismo como corriente filosófica, su incapacidad de prever las consecuencias a largo plazo de las acciones tomadas inmediatamente. Se queda ahí: el pragmatismo precisa únicamente cuan eficaz es determinada idea ante determinada realidad. El resultado lo valoramos después.

Y ahí está lo falaz, lo incorrecto.

Y ahí es donde se equivoca la oposición…

Nicolás Maduro no es el culpable de lo que sucede en Venezuela, sino la consecuencia lamentable de una forma ejercer el poder político. Los problemas estructurales de Venezuela están íntimamente relacionados con la ausencia histórica de instituciones como contrapesos al ejercicio discrecional del poder, el rentismo petrolero como instrumento de populismo y demagogia, una organización del Estado excesivamente centralizada y paquidérmica, por ejemplo. Si esos son los problemas estructurales de nuestro país, entonces, ¿dónde está el proyecto político? ¿Dónde está la alternativa a este desmadre? Y si existe ¿Por qué no se difunde? Más allá de la denuncia y de Nicolás Maduro, es necesario ofrecer un nuevo modelo político, social y económico.

Lo mismo sucede con las elecciones parlamentarias de este año. Nadie cuestiona su trascendencia para nuestro país. Sin embargo, el voto no es, ni puede ser, un ejercicio irracional a través del cual el ciudadano elige a ciegas. Son muy pero muy pocos los diputados que han ofrecido un balance de su anterior gestión parlamentaria, por ejemplo; y con la misma desfachatez con que se postulan para ser diputados, en el 2017 optarán a gobernadores y alcaldes. ¿Dónde está la vocación parlamentaria? ¿Acaso no es un fraude para el elector que eligió a determinado diputado, saber que ese mismo diputado se postulará a alcalde o gobernador? ¿Por qué tenemos que aceptar el “pónganme donde haiga” como formar de hacer política? Lo “pragmático” nos obligará a votar por los mismos que se empeñan en ser candidatos para todos los cargos de elección popular, pero ¿realmente ese es el modelo de hacer política que anhelamos como sociedad?

Sin una visión clara de país, lo “pragmático” hace que la oposición se parezca al modelo político que dice criticar.

 

JAIME.MERRICK@GMAIL.COM

@JAIMEMERRICK