• Caracas (Venezuela)

Jaime Merrick

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Jaime Merrick

En defensa de la democracia

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Hace días leí un artículo en Internet (http://lavenezuelainmortal.com.ve) que conmemoraba el natalicio del exdictador venezolano Marcos Pérez Jiménez. El autor de ese artículo resaltó los méritos militares de Pérez Jiménez, su irrupción en el año 1945, los motivos que lo llevaron a dar el golpe de Estado en 1948, y la gran cantidad de obras que inauguró durante su gobierno. Con intención o no, el autor de ese reportaje escribió una oda del exmilitar andino; supongo que las desapariciones, torturas, represión y ajusticiamientos de los que fue responsable Pérez Jiménez no forman parte del homenaje a su natalicio. 

Pero lo más asombroso no fue el artículo propiamente, sino los comentarios que se derivaron de él: cerca de 200 o 300 comentarios, y todos ellos coincidían en resaltar a Pérez Jiménez no un como dictador, sino como el responsable de la modernización en Venezuela, sin hacer mayor consideración sobre su política de torturas y represión a la disidencia, por ejemplo. Solo pude leer 2 o 3 comentarios en contra de Pérez Jiménez, los cuales eran refutados por los mismos foristas con el argumento de “los 40 años de democracia también reprimieron y mataron”.

No hubo democracia, ni libre pensamiento de las ideas, ni universidades, ni desarrollo científico, ni obras de infraestructura; no hubo movilidad social, ni desarrollo económico, ni viviendas construidas. La democracia venezolana, cuando existió, fue eso: la nada, lo malo.

Los párrafos anteriores resultan bastante ilustrativos a los efectos de resaltar la influencia de la democracia –con todas sus imperfecciones– en nuestra idiosincrasia. Necesitamos volver a recordar que cuando tuvimos democracia, por muy breve que haya sido, logramos importantes avances económicos y sociales, y nuestras instituciones públicas funcionaron correctamente. No todo fue malo.

Hubo mucho progreso cuando hicimos las cosas bien.

Son muchas las causas, pero en algún momento fallamos. No fallaron los partidos, fallamos todos como sociedad.

Y hoy estamos urgidos de democracia, clamamos por ella.

Estamos urgentes de democracia porque nuestra idiosincrasia trae en sus espaldas la herencia histórica del populismo, la corrupción administrativa y la debilidad de nuestras instituciones, y mientras el tiempo transcurre, cada vez se hacen más remoto los días en que el desarrollo económico y social en Venezuela estuvo cimentado en el respeto a las libertades individuales; y por el contrario, cada vez se hace más presente en nosotros el convencimiento de no poder lograr cambios pacíficos y civilizados, o la necesidad de un golpe militar que acabe con esto.

Al autor de ese artículo le puedo afirmar que el gobierno de Marcos Pérez Jiménez fue mucho más allá de sus obras de infraestructura. Hubo mucho concreto, sí, pero no era una sociedad libre. Y no hay nada más atrasado que una sociedad reprimida y sin libertad.  Como la nuestra.

 

Jaime.merrick@gmail.com | @jaimemerrick