• Caracas (Venezuela)

Jaime Merrick

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Jaime Merrick

Más allá de la corrupción

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El miércoles 26 de noviembre, el presidente de la república juramentó el denominado Cuerpo Nacional contra la Corrupción. Otro órgano más. Al final ya sabemos en lo que devendrá: en nada. Al día de hoy, nada se sabe sobre el caso de las Central Azucarera Ezequiel Zamora, Guido Antonini, las obras de infraestructuras inconclusas, la cantidad de negocios en importaciones de productos ficticios, Cadivi, el narcotráfico, nada, no existe pronunciamiento alguno. Jaua, Cabello, Ramírez, Rotondaro… son muchos los responsables de la sangría del erario público.

Y es por eso que este nuevo organismo de nombre magnífico no es más que una farsa más… no hay un solo acto que haga pensar a los venezolanos que la lucha contra la corrupción es en serio.

Y aunque nos de vergüenza admitirlo, la corrupción es simplemente un daño epidérmico que esconde un problema histórico: el desmembramiento institucional como causa y consecuencia de la corrupción en nuestro país. Y lo afirmo con toda certeza: somos la historia republicana de la epopeya militar y el desmembramiento institucional.

De verdad, no nos sintamos orgullosos de esa idiosincrasia  por la picardía criolla; del más vivo. Esa es nuestra verdadera vergüenza. Un día conocí a un dramaturgo venezolano, y sobre la corrupción en nuestro país, me dijo: “…Al venezolano no le molesta la corrupción, lo que molesta es que no le salpique…”. A eso reduce la corrupción en nuestra venezolanidad.

¿Estamos condenados a los escándalos de corrupción? Claro que no. Pero así como las sociedades se acostumbran al desarrollo, con mucha más facilidad se acostumbra al subdesarrollo. Mientras más tiempo transcurra en hacer una política de Estado para fortalecer las instituciones públicas, mucho más complicado será desarraigar de nuestra cultura el estereotipo del “vivo criollo”, y en todos los niveles sociales e institucionales se generarán más resistencias, por ejemplo.

Hoy, en el año 2014, un venezolano que tiene 40 años, ha estado viviendo en un país cuyas instituciones son débiles y corruptas. Estamos hablando de que la mayoría de la Venezuela contemporánea no tiene referente institucional de imparcialidad, fortaleza, transparencia, eficiencia, de control hacia otros órganos de la república, equilibrio. En estas circunstancias, es obvio que surja el clientelismo, el populismo, la demagogia.

Más allá de la corrupción hay un país, una sociedad, una cultura, una forma de concebir el poder político.


Jaime.merrick@gmail.com

@jaimemerrick