• Caracas (Venezuela)

Jaime Merrick

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Jaime Merrick

Sin cliché ni chantajes

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En artículos anteriores escribí sobre el papel de las ideologías en la formación del dirigente político y, en ese sentido, cuestioné algunos casos en la oposición en los que, por un lado, algunos dirigentes cambian de partidos políticos con una naturalidad asombrosa (Leopoldo Lopez, Alfonso Marquina e Ismael García, por ejemplo), y, por el otro, existen muchísimos casos en los que el dirigente de oposición se abroga el derecho de postularse a cualquier cargo de elección popular; es decir, el mismo que promete que hará una excelente labor parlamentaria, dentro de cuatro de años será el mismo que jurará ser el mejor alcalde o gobernador (en su oportunidad ejemplifiqué los casos de Alfonso Marquina, Ismael García, Andrés Velásquez y Richard Mardo http://www.el-nacional.com/jaime_merrick/Talanqueras-ideologias-plastilina_0_523747886.html).

Este año hay elecciones parlamentarias, y como ciudadanos debemos ser críticos con los dirigentes de oposición. No para despotricar contra ellos, sino para que sean fieles representantes de una nueva forma de hacer política. No me interesa votar por una oposición que encarne los mismos vicios políticos que le achacamos al PSUV. Por el contrario, votaré por quien crea que objetivamente represente mis intereses. Sin cliché ni chantajes. En nombre de la “unidad” no daré un cheque en blanco a dirigentes que representen más pasado que presente y futuro.

Los casos del estado Aragua y Anzoátegui. En esas regiones son gobernadores dirigentes del PSUV que jamás habían estado allí. El anzoatiguense y el aragüeño votaron chantajeados por Tareck y Aristóbulo creyendo que al votar por ellos estarían votando por Chávez. Ahora, con el chantaje de la “unidad” ¿permitiremos que haya Tareck y Aristóbulo en la oposición? La oposición ha tenido muchos aciertos, pero su actitud miope y esa forma de hacer (anti)política ha sido causa fundamental para que hoy, en 2015, no tengan el apoyo popular que le permita erigirse como una opción real de gobierno.

¿De quién es la culpa?

Y cuando surgen las críticas y el desánimo en la oposición ¿de quién es la culpa? ¿Es culpable el ciudadano que critica? O, por el contrario, ¿es culpable esa forma de hacer política en la que el dirigente político irrespeta al ciudadano postulándose a cuanta elección exista y cambia de partido político sin mayores complicaciones? ¿Quién hace acto de constricción en la oposición por sus desaciertos?

Se tienen previstas elecciones primarias en la oposición para este semestre, y como lo sostuve en los párrafos anteriores, que ni el chantaje de la “unidad” ni el cliché de la antipolítica nos impida elegir a dirigentes que realmente representen una nueva forma de hacer política.