• Caracas (Venezuela)

Jaime Merrick

Al instante

¿La Venezuela de 2015 o 2050?

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El país no solo requiere un cambio urgente y soluciones inmediatas, sino también un proyecto nacional que nos convoque a todos. Hemos leído muchos diagnósticos y análisis: que Venezuela está crisis, que si la inflación, la escasez, el desabastecimiento, la inseguridad, que no tenemos referentes que conecten con el ciudadano, que hay una ciudadanía desmovilizada… etcétera. Incluso, desde ya se nos ha dicho que si 2015 ha sido dramático, 2016 será mucho peor.

Sí, todo eso es cierto, e incluso afirmo lo siguiente: Venezuela no cambiará al mismo ritmo de nuestras expectativas. El daño que se ha hecho es tan grande, que no basta una nueva Asamblea Nacional o un nuevo presidente para afirmar que Venezuela ha superado “la crisis”. Hace falta ir más allá; tienen que existir venezolanos dedicados a actuar no solo pensando en 2015, sino en 2020, 2030 o en 2050.

¿Adónde quiero llegar con este artículo?

Quiero resaltar la importancia de las acciones más allá de las visceralidades políticas; el valor de quienes más allá de sus aciertos o errores, al menos proponen, sugieren; y sobre todo, convocar a esos jóvenes y ciudadanos para que discutamos y pensemos a Venezuela. Todos queremos que esto cambie, pero: ¿qué sugerimos nosotros? ¿Qué pensamos de la descentralización, el petróleo, las instituciones, la economía?

En un país cansado, harto, que existan venezolanos que se dediquen a pensar y actuar por un país más allá de esta crisis, es un gran y esperanzador logro. La política en Venezuela no solo se ha degenerado porque los partidos políticos y nuestros gobernantes son “malos”, sino porque creo que a veces es más fácil criticar, hacer diagnósticos y análisis, en vez de acompañar disconformidad con acciones concretas.

Si el vaso lo vemos medio vacío, la Venezuela de 2015 siempre será la razón para desesperanzarnos; razones de sobra hay para tirar la toalla, tomar otros rumbos, o simplemente no involucrarnos con la cuestión social; pero si el vaso lo vemos medio lleno, nos daremos cuenta de que hay muchas oportunidades para generar propuestas sociales, y que Venezuela es un nicho invaluable para el surgimiento de nuevos liderazgos y el desarrollo de nuevas ideas; desde esa óptica, hay Venezuela para 2030, 2040 o 2050.

Las elecciones del 6 de diciembre serán la oportunidad para mostrar la disconformidad y rechazo a tantos abusos, pero ello no significará que todos nuestros problemas están resueltos y que debamos conformarnos con lo que sucederá en los años próximos. Es probable que se inicie una nueva dinámica política, pero permanecerán asuntos estructurales pendientes por superar, como el papel del petróleo y su renta para nuestro desarrollo; instituciones públicas más transparentes; el centralismo y la descentralización; el papel del Estado en la economía; y así, muchos otros asuntos.

No creo que todo esté perdido, a pesar de 2015 o 2016. Sirva este artículo para convocar a quienes pensamos y estamos dispuestos a actuar por esa Venezuela de 2050.

 

Jaime.merrick@gmail.com

@jaimemerrick