• Caracas (Venezuela)

Jaime Merrick

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Jaime Merrick

Siempre se puede estar peor

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“…Mira, Jaime, yo fui a Cuba en el 91 y recuerdo que hablando con los cubanos ellos me decían que nada, es cuestión de tiempo para que cayeran los Castro; que la crisis de la Unión Soviética los había afectado muchísimo y que esto ya no lo aguantaban más; estaban casi que eufóricos porque tenían la certeza de que los Castro caerían… y, bueno, mira lo que pasó. Y te digo esto porque yo jamás pensé que llegaríamos a esto, de verdad, jamás. Y tampoco sé qué tan bajo podemos caer; no sé, Jaime”.

Y es así, no sabemos qué tan bajo podemos caer. El subdesarrollo no conoce de limitaciones, y así como existe la posibilidad de un estallido social, también es muy probable que seamos la sociedad del sapo en la sartén; como esos cubanos del año 91, quienes tenían la certeza del colapso de los Castro… y ahí están. Aquí estamos.

Según Fernando Mires, somos una sociedad anómica, definida como “…un estadio de desintegración entre normas y leyes con respecto a las conductas de los habitantes de una nación”.

El lenguaje del subdesarrollo es populista, divide, confronta, humilla, es corrupto, hegemónico, habla de enemigos, dice “basura”. El desarrollo, por el contrario, concilia, fomenta, une, es participativo.

 

¿La solución es nuestra burbuja?

Vienen tiempos más difíciles. Martirizarán a Serra (de hecho, ya lo hicieron), seguirán los insultos, aumentará la conflictividad social, arreciará la violencia verbal del gobierno, dividirán la MUD, nos desmotivarán, harán que el CNE sea más chavista que nunca, habrá mucha más censura. También desde la oposición harán su parte y no habrá quien solicite primarias en todos lados, por ejemplo. Incluso se plantea adelantar las elecciones parlamentarias dado el deterioro socioeconómico del país. Dirán que habrá un nocaut fulminante y que nos barrerán.

“Negro, hay que hacer otra cosa, chamo. No sé, hacer más ejercicio, meterse en clases de salsa casino, tocar timbales… porque, coño, el país está muy tóxico, chamo. Ya ni me importa si el Torrealba es bueno o malo; simplemente estoy mamado mi pana; ya es un tema de salud mental, chamo”.

Entiendo el hastío generalizado; la decepción, tristeza, indignación; y que esas circunstancias simplemente nos hagan alejarnos de cualquier cosa vinculada con la política. Simplemente, estamos obstinados y asqueados.

Ahora, peor que lo que sucede ahora es justamente que no hagamos algo; mucho peor será si no asumimos las elecciones parlamentarias como una oportunidad ciudadana para reivindicar cambios.

Lejos de motivar, lo que quiero transmitir es que seguir desmotivados es muchísimo peor.

Hagamos algo, no por nuestra salud mental, sino para no parecernos a los cubanos del 91.

Siempre se puede estar mucho peor.