• Caracas (Venezuela)

Jaime Merrick

Al instante

Política y credibilidad

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Convengamos en algo: el ejercicio de la política tiene como fin último la consecución del bien común o, al menos, materializar ciertos valores superiores importantes para la sociedad. Alcanzar estos cometidos, en esencia, se logra a través del Estado y sus manifestaciones organizativas, es decir: el poder público.

Ahora, el ejercicio de la política (en su sentido más amplio), ese interés por alcanzar el bien común, requiere, además, de credibilidad. El ciudadano para creer en el político que se postula a un cargo de elección popular debe percibir que este es, digamos, coherente, solidario, consecuente. Lo mismo sucede con las instituciones del Estado: su credibilidad depende del cumplimiento de sus funciones. 

Y en el fondo eso es lo que sucede en Venezuela: existe una gran crisis de credibilidad en el ejercicio de la política, ya sea por parte de las instituciones del Estado y sus representantes, o bien por quienes dicen ser políticos. Los venezolanos no creemos que en aquellos que idealmente están llamados a contribuir con el bien común. 

No creemos en el Poder Judicial porque no juzga; no hay credibilidad en el Poder Legislativo porque no legisla; no creemos en el Ejecutivo porque no gobierna; y no hay credibilidad en los partidos políticos porque, entre otras razones, han sido incapaces de generar un discurso que conecte con nuestros problemas. 

Oposición y credibilidad.

Y la poca credibilidad que tiene la política en Venezuela también salpica a la oposición venezolana. Es cierto, los partidos políticos de oposición han sido abiertamente censurados y satanizados por la mayoría de los medios de comunicación social que hay en nuestro país, pero, aun así, hay otros factores que impiden que los partidos de la oposición se erijan como una opción real de gobierno.

Las disputas internas, la variedad de discursos que existe en la MUD, la ausencia de un programa de gobierno en materia política, social y económica como propuesta a esta crisis, y la actitud oportunista de algunos dirigentes en querer postularse y acceder a cargos de elección popular son elementos que contribuyen a la poca credibilidad de la oposición venezolana.

En este marco generalizado de poca credibilidad se insertan las elecciones parlamentarias. Sin instituciones ni liderazgo político creíble, ¿en quién debemos creer? ¿Cómo se habla del voto como instrumento de cambio, si quienes están llamados a promoverlos no son creíbles, no generan confianza?

¿Cómo se le dice al chamo de 26 años que vive en Caracas que vote por quienes fueron parte del mismo sistema político que parió a Chávez?

¿Qué tan creíble es el liderazgo de quien se empeña en postularse a alcalde, gobernador y diputado una y otra vez?

Si la oposición dice abogar por el bien común de los venezolanos, quizá debería empezar por ser más creíble.

 

Jaime.merrick@gmail.com

@jaimemerrick