• Caracas (Venezuela)

Jaime Merrick

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Jaime Merrick

Podemos Y MUD

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Cuando creíamos que la crisis de los partidos políticos es propia de las democracias latinoamericanas (digo, por aquellos ilustrados que sostienen que “Venezuela tiene el gobierno que se merece”), surge una noticia en España que me llamó la atención: la irrupción del movimiento político Podemos como la tercera fuerza política de España. Un partido político que nació hace nueve meses, hoy por hoy ya se encuentra entre las preferencias políticas del ciudadano español, y hace tres meses logró que su principal líder se convirtiera en diputado en el Parlamento Europeo (http://politica.elpais.com/politica/2014/11/05/actualidad/1415183511_675346.html). Pablo Iglesias, el líder de Podemos, ha sostenido su admiración por el modelo de Chávez, Evo Morales y Rafael Correa.

Son muchas la causas que han llevado al surgimiento del movimiento Podemos y su líder, Pablo Iglesias. Me interesa señalar solo una: es el papel de las instituciones en las circunstancias económicas, políticas y sociales en los sistemas democráticos.

Soy firme creyente de que el desarrollo de los Estados depende de sus instituciones. Todos esos males que padecemos hoy en Venezuela tienen como causa y consecuencia un sistema institucional débil… e incluso inexistente. En venezolano: el Caracazo, noviembre de 1989, el chino de Recadi, el golpe de Estado del 92 y más recientemente el golpe de Estado de 2002, la encarcelación de la jueza Afiuni, Iván Simonovis y Leopoldo López, los 25.000 millones de dólares robados por este gobierno, son ejemplos de nuestra debilidad institucional. Y que, además, es histórica. Somos la viveza criolla de la que tanto nos enorgullecemos; la del “póngame donde haiga”.

 

Partidos y democracia criolla: votar por el menos malo.

Ahora, dentro del conglomerado de instituciones que actúan en la sociedad, se encuentran los partidos políticos: esas instancias que son pilares fundamentales de las democracias. En sus estructuras se decantan las reivindicaciones sociales, políticas y económicas; a través de los partidos políticos el ciudadano debería sentir que sus preocupaciones y exigencias son tomadas en cuenta; en fin, son pilares fundamentales en el fortalecimiento y consolidación de las democracias, pero también responsables directos cuando el sistema democrático falla o deja de ser efectivo ante las exigencias de los ciudadanos.

Actualmente los partidos políticos en Venezuela enfrentan un gran reto: hacer un discurso político que conecte con la ciudadanía. Lo estamos exigiendo desde mucho tiempo. Quizá parezca obvio, pero cuando ves a los mismos dirigentes de siempre desde hace 15 años con discursos grandilocuentes; cuando ves que el mismo que se postula a gobernador, también lo hace para alcalde, diputado y hasta presidente de la república sin mayor problema; cuando percibes esas cosas, simplemente te asqueas, te decepcionas, te arrechas. Te abstienes cuando dicen que votes. Ahí comienza el descrédito de los partidos como instituciones.

Y salimos nosotros como autómatas a votar bajo el simplismo/verdad a medias de que “…si no votas, pasa lo de 2010”, y después el cliché obligatorio: “…Es que desde los periódicos juegan a la antipolítica”. No, la antipolítica se genera por esa desconexión; cuando tienes a dirigentes que han sido diputados por varios estados y candidatos a alcaldes y a gobernaciones, como si nada; cuando tienes candidatos presidenciales que terminan aspirando a cualquier cargo con tal de “mantenerse en la pomada”; por eso es que surge la antipolítica.

Al final, quedamos reducidos a eso: votar por el menos malo. Chantajeados. Sin escoger entre opciones reales. Votar por necesidad.

Quizá ahora entendamos lo que sucede en España y por qué el español votó por Podemos.