• Caracas (Venezuela)

Jaime Merrick

Al instante

Petróleo y atraso

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En 1922 explotó el pozo petrolero Barroso N° II en la ciudad de Cabimas, estado Zulia. Durante nueve días el petróleo salió del subsuelo sin parar. Con este hecho confirmábamos al mundo nuestro potencial energético. A partir de ahora, el oro negro o excremento del diablo (dependiendo de si queremos darle una connotación positiva o negativa al papel del petróleo en Venezuela) se convertiría en eje central de las cuestiones sociales, políticas y económicas de nuestro país.

En 1939 el escritor norteamericano Clarence Horn escribió un artículo sobre la situación política y social en Venezuela. Diecisiete años después del “reventón” de Barroso N° II, Horn se preguntaba adónde se fueron los ingresos provenientes del petróleo; dónde estaban las vías de comunicación, las obras de infraestructura, los hospitales, el sistema de seguridad social; por qué para 1939 la clase trabajadora seguía viviendo en casas hechas con bahareque y techos de palma de moriche, al tiempo que sufrían de sífilis, lepra y malaria. El escritor norteamericano no dudó en responder las preguntas que él mismo se hacía: Esos ingresos se fueron a los bolsillos de Juan Vicente Gómez y sus seguidores (párrafo tomado del libro Venezuela Política y Petróleo, escrito por el ex presidente venezolano Rómulo Betancourt en 1967).

Así como Horn se indignaba de cómo el petróleo benefició a unos pocos durante la dictadura de Gómez, de esa misma forma nos sentimos hoy, en 2015: más que indignados, nos sentidos asqueados. Después de tanto petróleo, Venezuela es un ejemplo de cómo invertir los ingresos del Estado para debilitar sus instituciones y empobrecer a sus ciudadanos. Somos un país que depende de lo que producen otros países, la agricultura está abandonada, el sector industrial está paralizado, un salario paupérrimo, un sistema de salud carente de insumos e infraestructura, una educación poco competitiva, alta tasa de criminalidad, y unas instituciones catalogadas como las más corruptas de América Latina y unas de las menos transparentes en el mundo (Transparencia Internacional).

Pero ¿adónde se fueron los ingresos del petróleo en estos últimos 16 años?: esos ingresos se fueron a los bolsillos de quienes hoy hablan de socialismo y patria, en proyectos ficticios, empresas de maletín, sobornos y lealtades, importaciones con sobreprecio, peculado y excentricidades oficiales, cuentas bancarias secretas. Según el Banco Central de Venezuela, han sido más de 500.000 millones de dólares lo que Venezuela ha recibido por concepto de ingresos petroleros. Y de acuerdo con declaraciones del ex ministro de Finanzas, Jorge Giordani, la corrupción en Venezuela es responsable de la fuga de 25.000 millones de dólares, por lo menos.

Han podido ser autopistas, escuelas, hospitales, grandes obras de infraestructura, modernización de la administración pública y sus instituciones, el fomento de la descentralización... nada de eso sucedió y hoy somos un país profundamente atrasado.

Quizá nuestra clase política no ha entendido que el petróleo, lejos de ser un instrumento para sumirnos en el atraso, debe contribuir a nuestro desarrollo.