• Caracas (Venezuela)

Jaime Merrick

Al instante

Ojalá me equivoque…

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Ojalá me equivoque, pero un nuevo gobierno no lo veo posible este año. Las elecciones parlamentarias, aun cuando son la gran oportunidad para reivindicar la Asamblea Nacional como el epicentro del debate político en nuestro país, su diseño y naturaleza hacen difícil que se produzca un cambio de gobierno producto de una variación en la correlación de fuerzas políticas.

Somos un país con un diseño institucional tendente a potenciar el personalismo. Ha sido histórico y es ampliamente demostrable. Hoy, la existencia de un Poder Ejecutivo con amplias competencias en detrimento de los estados y municipios, y la poca o inexistente labor contralora de los poderes públicos frente a la arbitrariedad del Ejecutivo nacional, son aspectos potenciadores del personalismo en la Venezuela de 2015.

Sobre la premisa antes expuesta, es decir, que el diseño institucional venezolano potencia o favorece al personalismo, es lógico inferir que los cambios políticos que sucedan en nuestro país ocurrirán cuando sea ese mismo personalismo el que esté en juego. Es por ello que las elecciones presidenciales, los referendos consultivos y revocatorios, y la propuesta de reforma constitucional de 2007 han sido los eventos electorales con mayor participación ciudadana en nuestro país. La razón es sencilla: en el Poder Ejecutivo nacional reside gran parte del cambio institucional, político, económico y social que necesita Venezuela. Nosotros, los venezolanos, votamos por hombres y no por instituciones.

Sobre las consideraciones antes expuestas, las elecciones parlamentarias suponen, en primer lugar, una gran pluralidad de candidatos, lo cual no permite puntualizar claramente la responsabilidad del Poder Ejecutivo a través del partido de gobierno en temas sociales, políticos o económicos. Para  nosotros es mucho más fácil responsabilizar al Poder Ejecutivo y al ministro de Alimentación por el desabastecimiento en el país, en vez de increpar a la Asamblea Nacional por no haber promulgado leyes que fomenten la producción, por ejemplo. Y en segundo lugar, los diputados a la Asamblea son elegidos por un complejo sistema proporcional de votación, y que en el caso venezolano se caracteriza, entre otros aspectos, por la “caída y mesa limpia”: la mayoría en voto queda sobrerrepresentada en perjuicio de las minorías y los candidatos independientes. Esta circunstancia hace que la manipulación de resultados electorales sea mucho más fácil, a diferencia de lo que sucede en una votación presidencial, en la que el voto a voto determinará el candidato ganador.

Salvo que sea una votación masiva (que supone como condición previa una oposición articulada y con un discurso político que conecte con el descontento existente), y tomando en cuenta los argumentos anteriores, no creo que sea 2015 el año en que cambiaremos de gobierno. No obstante, estas elecciones sí pueden ser el antecedente para el referendo revocatorio de 2016 y un posible nuevo gobierno en 2017.

Ojalá me equivoque… ojalá.