• Caracas (Venezuela)

Jaime Mario Trobo

Al instante

EE UU, absténgase de proveer “oxígeno” al gobierno chavista

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Hace un año una decisión unilateral del gobierno de EE UU les insufló a Nicolás Maduro y al chavismo “aire fresco” y “oxígeno puro”, con el dictado de la orden ejecutiva en la que identificaban “la amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos que representa Venezuela”. 

Recorrer las páginas de la prensa de los días posteriores al anuncio de esta “orden”, a las que nos acostumbran los “gringos”, como se les conoce genéricamente al sur del río Bravo, permite encontrar decenas de reacciones de líderes políticos, opinadores y hasta organismos internacionales (especialmente los de la región latinoamericana y caribeña) agraviándose del “injusto ataque a Venezuela”. Lo cierto es que este gaffe del gobierno de Barack Obama condujo al chavismo, a Maduro y a su organización represora a obtener beneficios con respecto a la opinión pública, tiempo para seguir machacando a su pueblo y a sus socios del socialismo del siglo XXI y levantar la bandera del antimperialismo, aunque esta se use de sábana para tapar violaciones sistemáticas de los derechos humanos y las libertades ciudadanas.

Los Castro, mientras negociaban con Estados Unidos la renuncia organizada a sus históricas proclamas del socialismo real, acaudillaban la reacción de Rafael Correa, Evo Morales, Daniel Ortega, Dilma Russeff, José Mujica y otros, que construían un nuevo argumento para mantener su solidaridad con el gobierno autoritario y cleptocrático de Venezuela. La causa común del odio a EE UU ayuda al placebo contra el fastidio que causa tener que negociar con ellos como lo hacen los Castro, como lo hizo Mujica, como lo hace Russeff. Por eso la reacción frente a esta “orden ejecutiva”. Detrás de la muralla levantada por la solidaridad continental ante el agravio yankee a la soberanía e independencia venezolana, se esconden sistemáticas y groseras violaciones de los derechos humanos.

El gobierno de Obama justifica su decisión en el sentido de advertir e impedir la utilización de sus sistemas financieros para el lavado de activos de funcionarios venezolanos de jerarquía, como resultado de los negocios de corrupción, narcotráfico, etc. No es poco razonable que se preocupen por que sus mecanismos internos no sean utilizados para el delito. Ahora bien, no se tiene duda de que en las circunstancias políticas de nuestra región, una decisión de estas características, alguien cuerdo lo debe advertir en el gobierno estadounidense, termina constituyéndose como un arma hipócrita que agrede la perspectiva democrática en Venezuela, alimenta el autoritarismo, revive las solidaridades desgraciadas de las izquierdas latinoamericanas. La publicidad de estas medidas es muy negativa para los propósitos democráticos que tienen los venezolanos.

La situación en este país hoy en día es catastrófica. En lo político, es obvio que el gobierno autoritario, la dictadura chavista, la experiencia top del socialismo del siglo XXI no tienen sustento ciudadano. La gente, luego de haber “prestado” su libertad por un rato al gobierno que le ofreció a cambio bienestar y reivindicación, llegó a la lógica conclusión de que ello es imposible. En lo económico, el sistema impuesto ha destruido las bases de la economía, la escasez, la improductividad, la desesperación por elementos fundamentales de consumo y para colmo la demostración de la mayor incompetencia en la gestión de recursos naturales por parte de Venezuela al comprarle petróleo a Estados Unidos son pinceladas del cuadro patético que se están viviendo.

La violación sistemática de los derechos humanos, con prisión política para cerca de 100 individuos de las más variadas condiciones y orígenes políticos o sociales, reconocidos emblemáticamente en Leopoldo López, Antonio Ledezma, Daniel Ceballos, contribuyen a un cuadro insostenible que solo persiste por el capricho de los gobernantes. La insensibilidad de los gobiernos de la región y los organismos multilaterales latinoamericanos que miran para el costado y no asumen su responsabilidad, aunque no sea por egoísmo y para evitar una metástasis autoritaria, ha oxigenado esta fase del chavismo.

La paciencia sin límites de la dirigencia social y política opositora, que sujetan la rebelión y el estallido social, debe encontrar un apoyo en el entorno geopolítico, y es preciso que se observe muy de cerca y se estimule una ruta de salida al atolladero en el que lamentablemente se encuentra Venezuela. Ellos deben ser los dueños de la solución, pero no podemos admitir que detrás del telón de la “no intervención” el gobierno machaque a su pueblo y nadie diga nada.

Ahora bien, quiero volver al principio, a la “orden ejecutiva”. Dentro de pocos días el Departamento de Estado o alguna otra oficina del gobierno norteamericano preparará la difusión de esos informes “urbi et orbi” a los que nos acostumbran. Probablemente alguno se refiera como el año pasado a la “grave amenaza” que significa Venezuela. Creo que los “gringos” deben medir muy bien sus acciones y analizar con verdadero compromiso con las libertades cuán negativo será que Maduro y el chavismo obtengan un balón de aire, de oxígeno, para prolongar la agonía de su régimen y cobrarse en el transito más víctimas y más contrariedades para la recuperación social, económica y política del país.

Sería una pena ver, dentro de 20 días, que Maduro logre arroparse nuevamente en sus socios ideológicos, aunque sea por una horas, debido a la torpeza del análisis que los “gringos” hacen sobre su realidad interna y como la compadecen con la internacional. La publicidad de una nueva orden ejecutiva, como la comentada, será más dura para la oposición venezolana que para el chavismo.