• Caracas (Venezuela)

Iván Simonovis

Al instante

Iván Simonovis

Venezuela es una nación estancada

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Venezuela es una nación estancada en el ámbito social, económico y político. Es inocultable que durante los últimos años en el país se ha experimentado una marcada descomposición social, lo que se evidencia -entre otras variables- en la exacerbada violencia que se respira en cada esquina de cualquier ciudad, pueblo o caserío venezolano. No importa si usted vive en una urbanización de clase media en Maracaibo, en un barrio de Caracas o en un fundo fronterizo del estado Apure: seguramente usted ha sentido una total indefensión ante los ataques de la delincuencia.

La inseguridad personal es una de las mayores preocupaciones de los venezolanos de cualquier estatus social, sin distingo de religión, ideología política o sexo. Y es allí donde ubico el meollo de la preocupación colectiva, pues quienes se dedican a las actividades delictivas atentan en muchos casos contra lo más sagrado del ser humano: la vida.

Priva lo ideológico
En Venezuela inauguramos el siglo XXI con un novísimo pacto social, materializado en la Constitución Nacional aprobada por referendo en diciembre de 1999. Nuevos actores se posicionaron en las esferas del poder público y ante la urgencia de efectuar cambios que sustentaran el desarrollo y progreso de nuestro país, se construyó un andamiaje básicamente ideológico que dejó a un lado el pragmatismo en la aplicación de políticas públicas efectivas para resolver los acuciantes problemas de la nación. Se descuidaron asuntos elementales como, por ejemplo, la seguridad ciudadana.

Sitial de honor
Aunque aquí no existe ningún conflicto armado como en Colombia que ya lleva medio siglo luchando contra grupos guerrilleros, ni tampoco estamos acorralados por los carteles de narcotraficantes que están desangrando a la población mexicana, no obstante, ocupamos un sitial de honor en Latinoamérica como uno de los países con mayor número de homicidios por habitantes.

No a la impunidad
Uno de los factores que ha incidido en el incremento de la delincuencia es la impunidad. Si en la mal llamada cuarta república nos lamentábamos del pésimo funcionamiento de los tribunales, ahora en la quinta república la ineficiencia y la corrupción en el Poder Judicial han superado cualquier pronóstico, lo que sin dudas ha incidido en el aumento de la criminalidad. Otra variable que no se puede ignorar es la deficiente coordinación de la Fiscalía General de la República con los órganos que imparten justicia.

Si a la impunidad se le agrega la inefectividad de la actuación de los cuerpos policiales, el escenario es perfecto para que los delincuentes operen sin impedimentos y con total libertad, siendo que paradójicamente no se ha implementado una política pública de seguridad ciudadana coherente y adaptada a la particular coyuntura que atraviesa nuestra sociedad. No solo se trata de aplicar medidas correctivas urgentes que pongan en jaque al hampa, sino también de un plan preventivo de largo alcance que permita efectivamente reducir los índices delictivos.

En el marco de una política pública de seguridad, los organismos integrantes del sistema penal deberían considerar las actividades criminales más violentas como homicidios, robos y secuestros, y garantizar el castigo justo a los transgresores por el hecho cometido. Estos delitos son gravísimos porque atentan directamente contra la estabilidad física y psicológica de los ciudadanos. Evidentemente, el problema de la inseguridad es de tal complejidad que su resolución no está a la vuelta de la esquina. Y entonces salta la pregunta: ¿Qué hacemos usted, yo, todos los que estamos asediados por los delincuentes? ¿Cómo podemos actuar para evitar ser la próxima víctima?

Buscando soluciones
No existe ningún libro o método que establezca una fórmula mágica que le impida a usted convertirse en una presa de los delincuentes. Por tal razón, es importante advertir que cada persona debe ser parte activa de la prevención. Si usted comprende la magnitud del problema y reconoce su nivel de vulnerabilidad, tal actitud lo ayudará a generar estrategias de prevención.

No es necesario llegar a la paranoia, pero sí darse cuenta que el entorno de inseguridad no cambiará en el corto plazo. Pueden adoptarse medidas simples que protegerán sus bienes y garantizarán su vida y la de su familia. La creatividad, la proactividad y el sentido común son actitudes que le conducirán por un mejor camino hacia la prevención.