• Caracas (Venezuela)

Iván Petrella

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Relatos salvajes

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Relatos Salvajes, de Damián Szifrón, es una de las películas argentinas del año. Se comenta en la calle, en oficinas y uno escucha comentarios de lo más variados, incluso gente que dice que es una película kirchnerista y gente que dice que es antikirchnerista. Yo creo que no sea ni una ni la otra.

Es una película que permite una interpretación política que tiene que ver con la cultura democrática. Se trata de seis cortos, todos con una dosis más o menos importante de violencia y esa violencia es fruto de la venganza. En las seis historias hay por lo menos una persona que comete un acto violento en respuesta a una acción percibida (bien o mal) como una injusticia, como un agravio. En solo dos de las historias aparece el perdón.

La película cierra con un acto de reconciliación, de perdón. Eso me llevó a pensar en Hannah Arendt, una filósofa política clave del siglo XX. Para resolver este problema, dice Arendt, el ser humano inventó el perdón.

Las seis historias de Relatos Salvajes se pueden interpretar como una sociedad con una baja cultura democrática. Una sociedad en la que no parece haber una promesa implícita de buen comportamiento entre las personas y en la que el perdón parece imposible. La respuesta, entonces, es la venganza. Muchos la tildaban de antikirchnerista porque veían el retrato de una sociedad partida por culpa de la crispación innecesaria, por la división de la sociedad entre buenos y malos. Otros decían que se trataba de una crítica social cercana al kirchnerismo y algunos dichos de su director Damián Szifrón podría apoyar esta visión.

Pensando a futuro es claro que la violencia y la venganza poco pueden lograr para reducir la desigualdad y crear un país mejor. Una cultura democrática de respeto y confianza mutua, con muchas más promesas entre los ciudadanos y de mucho más perdón entre todos es una condición clave para construir un país mejor.