• Caracas (Venezuela)

Ismael Cala

Al instante

Tal como somos

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"No andes, Sancho, desceñido y flojo, que el vestido descompuesto da indicios de ánimo desmalazado". Don Alonso Quijano pide a su fiel compañero que se vista correctamente, que mantenga el porte de un buen escudero, por cuanto es una fórmula inequívoca de crear buena impresión en los demás. El Quijote le reclama a Sancho que guarde las apariencias. 

Algunos afirman que "las apariencias engañan", pero no siempre es así. Un aspecto correcto, aunque nada tenga de ostentoso, proyecta una imagen positiva, crea buena impresión y en ocasiones es imprescindible para lograr lo que soñamos en la vida. Por solo citar un ejemplo, el porte y aspecto casi siempre es ineludible a la hora de una entrevista de trabajo. 

Tampoco quiero decir que "la imagen hace al monje". 

Más bien pretendo dejar sentado que el "monje debe tener imagen". Eso nada tiene de pernicioso, todo lo contrario. Lo que sí es realmente dañino es aparentar lo que no somos, crearnos falsas caras, tratar de proyectar un perfil falaz, que nada tiene que ver con nosotros. Eso es coquetear con la mentira. En este caso, "las apariencias engañan", pero... ¿quiénes son los principales engañados? Aquellos que, precisamente, tratan de aparentar lo que no son, porque se mienten a ellos mismos. 

Vivir con la intención de simular una personalidad y crear una imagen ficticia, no es más que un síntoma de desconfianza y baja autoestima. Es intentar erigir, en los demás, criterios positivos sobre falsedades y bases ilusorias. ¡Solo de ilusos es querer parecer lo que no se es! El interés en simular lo que no somos nos convierte en seres engañosos. Hasta tal punto que, llegado el momento, podemos dudar de nuestra verdadera identidad. Si priorizamos las apariencias a los sentimientos, nos encerramos en una burbuja existencial que nos distancia de lo positivo, de lo real. Y toda esta representación, como es de suponer, nos aparta del camino que conduce al éxito. 

La felicidad está muy vinculada el éxito, ese proceso en el que todos intentamos navegar. Nadie que reniegue de sí mismo podrá ser auténticamente feliz. El que lo hace, ve cómo el éxito se convierte en un terreno vedado, en un manjar del fracaso. Fingir es temer, es no tenerlas todas consigo. Nadie inseguro y temeroso saborea el triunfo. 

Yo me alineo con quienes no juzgan a otros por las apariencias. Me niego a priorizar la imagen a los sentimientos. Me tomo el atrevimiento de parafrasear una profunda idea del gran Pedro Calderón de la Barca: Finjamos lo que somos y seamos lo que fingimos.