• Caracas (Venezuela)

Ismael Cala

Al instante

Dos caminos

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La humildad es una de las virtudes más ilustres del ser humano. Ella germina de la paciencia, la prudencia, la tolerancia, la templanza, la generosidad, la bondad y el amor; es una expresión infinita de fortaleza espiritual.

No importan enfoques filosóficos o religiosos, la humildad siempre es venerada, por cuanto aleja al ser humano del envanecimiento, es una joya que enaltece el alma y la cobija de inteligencia y sencillez. El rey Salomón dijo que "la soberbia engendra ignorancia; la humildad, sabiduría".

Jesucristo nos brinda una lección al asumir uno de los trabajos más bajos de un esclavo: lava los pies de sus discípulos. Quizás sea esta la manifestación de humildad más trascendente de todos los tiempos.

No solo los cristianos glorifican esta virtud. Otras religiones también la hacen suya, la incorporan a su mensaje y resaltan su importancia. Los musulmanes dicen que la humildad es un valor ético importante, loable y honorable; mientras que la arrogancia es un antivalor, repugnante y reprobable. El taoísmo la enaltece. Sus seguidores han de llevar consigo siempre tres gemas como tres tesoros: la compasión, la moderación y la humildad.

En la vida tenemos solo dos caminos: el que rige la soberbia o el que tutela la humildad. Nadie los impone. Somos los únicos encargados de guiarnos. Hay quienes encumbran la humildad, pero paradójicamente no la practican; sostienen que ésta termina con el orgullo y corroe la autoestima.

Respeto ese criterio, pero no lo comparto. Se puede ser rico en bienes materiales y, a la vez, humilde de espíritu; saber reconocer los fracasos y enfrentarlos, no presumir de las riquezas, prescindir del orgullo malsano y mantener elevada la autoestima. Por el contrario, podemos adolecer de riquezas materiales y actuar bajo el signo de la soberbia.

Según el budismo, "el humilde ve las cosas como son, lo bueno como bueno, lo malo como malo. En la medida en que un hombre es más humilde, crece en él una visión más correcta de la realidad".

¿Actuamos con humildad? ¿Aceptamos nuestros errores? ¿Sabemos perdonar? ¿Tememos ser inferiores? ¿Amamos lo que tenemos? ¿Nos jactamos de los bienes materiales? ¿Respetamos el criterio ajeno? ¿Escuchamos a los demás? ¿Agradecemos la dicha de vivir?

Son preguntas para el diario. Tus respuestas dirán por cuál camino tomar el rumbo.