• Caracas (Venezuela)

Ismael Cala

Al instante

¡Miremos a las nubes!

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La vida moderna prueba a diario la inteligencia y la capacidad de acción de los seres humanos, los somete a rigores nunca antes experimentados. La tecnología altera el tempo existencial y en no pocas ocasiones estamos forzados a realizar más de una tarea a la vez. Es común atender el teléfono o comer mientras conducimos el auto, a pesar del peligro que implica.

El frenesí de la vida moderna fertiliza el estrés. Los cinco sentidos son blancos directos del ruido, la inmediatez, la propaganda –abierta o subliminal– y de todo el maremágnum de transformaciones científicas, técnicas, políticas, económicas y sociales que se suceden una detrás de la otra.

El estrés es una respuesta natural, aunque dañina, del organismo ante esta avalancha de estímulos. El tiempo se nos viene encima, y los días, meses y años dan la sensación de ser cada vez más cortos. Todos estamos expuestos al embate del estrés, pero no todos lo sufrimos ni lo combatimos de igual manera. Hay quienes se dejan arrastrar por su carga de tensión: gritan, pelean, desconocen el sosiego. Son los más vulnerables porque no saben enfrentarlo o viven ajenos a su padecimiento.

La pensadora francesa Catherine Rambert dice que "hay que aprender de vez en cuando a separarse del mundo". Nos alerta sobre la necesidad de sumergirnos en nuestro yo interno, de conocernos y autoprepararnos para enfrentar con éxito el embate de esta realidad en la que tenemos la fortuna de vivir. ¡Porque vivir siempre es una fortuna!

Para combatir el estrés hay que tener conciencia de que lo sufrimos, y, para lograrlo tenemos que autoconocernos, pues, de lo contrario, iríamos a parar a la consulta de un psicoanalista. Sin embargo, conscientes de su presencia, podemos practicar fórmulas muy simples para combatirlo: hacer ejercicios, organizar la vida, tener claros nuestros propósitos, meditar, ejercitar la relajación, recordar bellos momentos y hacer mayor vida social, por solo mencionar algunas.

La contemplación tranquila de la naturaleza también reduce el estrés, por cuanto cultiva la calma, apacigua la mente y desarrolla un alto grado de concentración. En mi pueblo, cuando alguien estaba muy entretenido o desconectado de la realidad, decíamos: "Está mirando a las nubes". ¡Pues miremos! ¿Por qué no? Escapemos por momentos de este querido mundo nuestro, como sugiere Rambert, y preparémonos internamente para no solo enfrentarlo, sino también para conquistarlo.

www.IsmaelCala.com