• Caracas (Venezuela)

Ismael Cala

Al instante

Internet y anonimato

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En el siglo XXI, Internet rige la vida de los seres humanos. Nada ni nadie escapa a su influencia y algunos aseguran que es el proyecto más revolucionario del hombre, después de la rueda, el fuego y el descubrimiento del átomo.

La red de redes elimina distancias, globaliza la comunicación, se convierte en un instrumento esencial para los negocios, la educación, la ciencia, la información y hasta el entretenimiento; pero, como toda creación humana, tiene también su lado negativo. Internet arriesga la privacidad, nos transforma en blancos de mensajes mordaces y nos expone al engaño de timadores inescrupulosos. ¡No podemos pecar de incautos cuando utilizamos Internet!

Teniendo en cuenta sus desventajas —por supuesto, mínimas, comparadas con su preeminencia—, muchos afirman que el anonimato es el modo idóneo para utilizar sus servicios. No niego que en determinados momentos podamos navegar anónimamente, pero acoger esta práctica como costumbre contradice la esencia misma de los valores democráticos que sustenta la red de redes.

Benjamín Franklin decía: “Quienes sacrifican libertad por seguridad, no merecen tener ninguna de las dos”. No propongo que seamos un libro abierto en Internet, ni que ofrezcamos datos que pongan en riesgo nuestra integridad y bienes personales. Solo afirmo que vivir con el temor de decir quiénes somos y qué pensamos, niega el espíritu noble y aglutinador de esa trascendental creación del talento humano. Digo que intentar protegernos tras la cortina del anonimato es consentir a quienes sustentan propósitos deshonestos, es participar de su propio juego.

Revisando redes como Facebook o Twitter, no tardamos en darnos cuenta de que muchos usuarios utilizan identificaciones falsas. Por lo general, son los más irónicos, polémicos, críticos y ofensivos. El anonimato desmedido niega los valores más bellos de la espiritualidad humana, nos troca en deshonestos, dejamos de ser personas francas.

Tampoco hay que ser ingenuos en cuanto a datos que puedan comprometer nuestra seguridad personal, como direcciones, números de teléfonos, destinos de viajes u otra información relevante, susceptible de ser utilizada por personas inescrupulosas.

El siglo XXI imprime buena parte de su huella en la historia, gracias al desarrollo de Internet y su influencia en todas las esferas de la vida. Aunque algunos de sus efectos pueden resultar negativos, sus bondades son incomparablemente superiores. Entre otras razones, porque nos obliga a convertirnos en personas más inteligentes cada día.