• Caracas (Venezuela)

Ismael Cala

Al instante

Hablar con franqueza

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"La sinceridad va recta, simple, sin dobleces, sencilla, sin ninguna segunda intención; busca lo que es y solo lo que es". La hermosa frase es de Rumi, el gran poeta y teólogo persa del siglo XIII. La sinceridad es una excelsa y valiente virtud, está por encima de títulos y riquezas, defi ne la calidad de un ser humano. 

Para ser sinceros con los demás, ante todo, hay que serlo con uno mismo, porque es la única manera de autoconocernos. Si obviamos esa virtud a la hora de descubrir quiénes somos y qué perseguimos en la vida, si no aceptamos nuestros valores y defectos, jamás podremos ser francos con nuestros semejantes. ¡El autoengaño es un obstáculo insalvable al momento de ser sinceros con los demás! Por el contrario, si somos devotos de esta virtud, muchos confi arán en nosotros y nos valorarán como personas honestas. Por eso creo que la sinceridad defi ne la calidad de un ser humano, a la vez que permite disfrutar la dicha de una conciencia tranquila. Así vivimos felices, porque nada oscuro empaña el brillo del espíritu. 

¿Es correcto ser sinceros siempre? ¡Sí! Sin embargo, debemos actuar de manera segura, sin dobleces, convencidos de que es útil y verdadero lo que vamos a decir. Conviene también preguntarse: -¿Estamos en el lugar indicado? ¿Es el mejor momento? Si es así, lo mejor es hablar cara a cara. Si hay que hacerlo ante otros, controlemos el lenguaje corporal y hablemos en voz baja. 

-Nunca hagamos a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros. No maltratemos a nadie. Seamos cordiales, e incluso suaves, pero fi rmes.

-Ofrezcamos soluciones positivas. Nunca dejemos en el aire una opinión negativa sin exponer cómo, según nuestro punto de vista, podría resolverse. 

-La sinceridad crítica nunca debe soslayar lo positivo de los demás. Todos tenemos virtudes y defectos. Si señalamos estos últimos, nada más justo que reconocer también las bondades. 

Ser sinceros nos obliga a comportarnos como personas abiertas al diálogo, preparadas para cualquier tipo de respuesta con los argumentos necesarios para avalar nuestra opinión. 

Ser francos, muchas veces acarrea responsabilidades profundas, opiniones adversas y hasta enemistades. Hablar con franqueza es un arma que debe manejarse con tino, prudencia e inteligencia, para que surta el efecto positivo que se espera de una virtud tan bella y valiente