• Caracas (Venezuela)

Isabel Pereira Pizani
Cedice

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El gobierno roba la leche a los niños venezolanos

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Hay momentos en que las contradicciones de la realidad parecieran atentar contra nuestra cordura. Nicolás Maduro es premiado por FAO, la organización mundial que vela por la alimentación de la población mundial, por un supuesto esfuerzo en la lucha contra el hambre, por cumplir objetivos del milenio y, vaya curiosidad, por crear ciudades más verdes.

Esto parece una especie de burla cuando atravesamos el país de norte a sur y vemos las interminables colas de gente en Mérida, Barquisimeto, San Felipe, Maracay, Valencia, Barcelona, Ciudad Bolívar, Maracaibo y el resto de todas nuestras ciudades y pueblos, pujando para adquirir productos alimentarios básicos, leche, carne, pollo, aceite, arroz, azúcar, lentejas, papas y etc. Esta situación somete al ciudadano a un doble racionamiento, en primer lugar, los alimentos existen de forma muy limitada, el nivel de escasez se sitúa cerca de 40%, y en segundo lugar, solo pueden ser adquiridos de acuerdo al terminal del número de cédula del comprador.

Sin embargo, es menester referirse a un caso de particular trascendencia, no un simple dato sino una gran tragedia, que aparece encubierta, agazapada, entre el montón de información sobre la escasez que azota al país. Hoy en 2015, los niños venezolanos no tienen garantizado el consumo de leche, proteína fundamental para su crecimiento, algo nunca visto en estas tierras. La caída general del consumo de leche durante 2014 fue de 20%, la esperada en 2015 es de 25%. La producción de leche fluida solo cubre entre 35% y 40% de lo que consume el país. Los estudios realizados por las universidades Simón Bolívar y Católica Andrés Bello indican que la población infantil ha dejado de consumir 25% de calcio necesario para garantizar su salud futura. Todas las madres y padres saben que el calcio es un nutriente esencial para la salud de los huesos. Para tener huesos sanos hay que ingerir suficientes alimentos que sean ricos en calcio y vitamina D. La mayoría de los niños venezolanos no están recibiendo suficiente calcio en sus dietas para ayudar a asegurar una óptima masa ósea. Es obligante ante la situación de escasez de leche que estamos viviendo que los padres se pregunten si sus hijos reciben el calcio necesario porque como afirman los expertos, “los huesos le dan la estructura y el soporte al cuerpo de los niños mientras crecen. Los huesos son tejidos vivientes que cambian constantemente; el cuerpo cambia los pedacitos de hueso viejos por pedazos nuevos. Se puede pensar en los huesos como si fueran una cuenta de ahorros, en la que los niños hacen ‘depósitos’ y ‘retiros’ del tejido óseo. Durante la niñez y la adolescencia, los depósitos de hueso son mayores que los retiros ya que el esqueleto está creciendo tanto en tamaño como en densidad”.

Denunciar la escasez de leche, las dificultades para responder a las necesidades de este elemento es una responsabilidad de la familia venezolana con el futuro de sus hijos, que pueden afrontar serios problemas de salud y crecimiento.

Por estas razones vitales, las instituciones responsables de la salud en todo el mundo recomiendan que los niños cumplan con su requerimiento diario de calcio a través del consumo de leche y sus derivados (quesos y yogurt), mencionan que ha sido ampliamente comprobado a través de estudios científicos que el calcio de origen lácteo tiene una mayor “biodisponibilidad” en comparación con el calcio de origen vegetal y de suplementos de calcio.

Frente a esta grave situación de salud de nuestros niños, es un insulto conocer que la FAO concede un premio al gobierno venezolano por el éxito de su política alimentaria, ¿será que la suerte de los niños no les importa? Premio que se concede con base en los datos que el mismo gobierno proporciona, sin indagar, sin realizar la mínima validación sobre su legitimidad. Cuando la FAO actúa de esta forma se pone de espaldas a las inequidades que puedan estar ocurriendo en el mundo, esto supone que pudo haber premiado a Haití por los esfuerzos heroicos de Idi Amin Dada por su pueblo, o a Gadafi por su noble entrega a la redención de los pobres de Libia.

La FAO premia al gobierno de un país donde no hay leche para los niños a pesar de haber recibido recursos fiscales derivados de los altos precios del petróleo por más de 1.100.000 millones de dólares. En Venezuela no hay leche para los niños porque las políticas del gobierno, premiado por la FAO, han destruido la capacidad productiva de la industria agroalimentaria nacional, los dirigentes de este sector informan que hoy la producción anual de leche a puerta de corral ronda los 1.650 millones de litros cuando la cifra requerida para responder a la demanda nacional es de 2.900 millones. El precio del litro de leche a puerta de corral es de 40 bolívares, mientras la venta está fijado por el gobierno en 18 bolívares por litro, disparidad frente a la cual la industria de la leche alega que “es imposible comprar un litro de lecha a 40 bolívares a puerta de corral para procesar y vender a 18 bolívares al consumidor”.

A los problemas de la producción de leche se une de forma fulminante otro tema inevitable de abordar, la destrucción del salario de los trabajadores, el cual, según análisis recientes, solo alcanza para la difícil adquisición de los escasos productos básicos. Los últimos casos estudiados señalan que los trabajadores venezolanos con sueldos hasta dos salarios mínimos dedican 95% de su ingreso familiar a la compra de alimentos, que cada día son más caros y donde la leche brilla por su ausencia.

Estos datos muestran que las causas de la crisis están ligadas esencialmente a la orientación de un gobierno que aplica una pesada estructura de controles de precios y todo tipo de restricciones a la actividad productiva, que castiga con un decreto de precio justo socialista al productor al obligarlo a comprar insumos a 40 bolívares y a vender el producto terminado a 18 bolívares, bajo amenaza de expropiación, cierre o multas draconianas. Gobierno que desata campaña negativas contra la imagen de los productores que permanecen heroicamente al frente de sus empresas, culpándolos de prácticas de acaparamiento y de una ficticia guerra económica.

A las familias venezolanas nos corresponde luchar por la leche de nuestros hijos, participar activamente en la resistencia, rechazo y permanencia de un gobierno que roba la posibilidad a nuestros hijos de crecer como seres humanos sanos, capaces de desarrollar todas sus potencialidades y asumir con autonomía sus proyectos de vida. El robo de la leche a los niños es un verdadero crimen de lesa humanidad cuyos efectos devastadores enfrentaremos en un futuro cercano cuando ya sea tarde. A los padres y madres de los niños venezolanos, sobre todo a los que están entre los 0 y 6 años les toca, sin excusas, como al resto de los ciudadanos, oponerse a este robo del futuro de sus hijos.

 

*Coordinadora de Políticas Públicas Cedice Libertad

isaper@gmail.com

@isapereirap