• Caracas (Venezuela)

Isabel Pereira Pizani

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6-D. ¿Sólo un nocaut al populismo- fascismo?

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Son muchas las interpretaciones alrededor del 6-D. Descontento por la hambruna, la crisis humanitaria que están soportando vastos sectores del país, o una muestra lineal del poder del voto como única vía para traspasar fronteras críticas. Estas miradas aunque ciertas, no son suficientes; y si bien explican parte de la compleja coyuntura histórica que vivimos, coexisten, sin embargo, con visiones que consideran el nuevo nivel de conciencia que pudo haber movido a los venezolanos a noquear mitos hasta este momento imbatibles.

El mito más usado por el populismo, era que bastaba desatar un “dakazo” para cambiar todas las tendencias: abrir el grifo de las dádivas, los regalos, aprovisionar necesidades urgentes sin importar el potencial destructivo de los medios utilizados sobre algunos sectores, víctimas finales de esas operaciones improvisadas. Esta alternativa politiquera fue derrotada. El 6-D mostró que el poder de compra del voto había perdido su potencial. En los Estados Monagas y Aragua estas armas se pusieron en marcha y su efecto fue nulo.

Otro gran mito que se derrumbó el 6-D fue el axioma fascista de que basta controlar los medios de comunicación y transmitir una visión distinta de la realidad para influir decisivamente en la opinión del pueblo. Las cadenas abusivas se multiplicaron en los días previos a las elecciones con resultados igualmente nulos. Esta quizás es una de las áreas más novedosas del 6-D, ya que mostró que a pesar del control totalitario de los medios, de la censura y la represión sobre los disidentes, la sociedad buscó y encontró caminos para definir sus disposiciones y su voluntad. Estas elecciones, sin duda alguna se movieron en un universo 2.0.

Un tercer gradiente de estos resultados electorales fue la derrota del miedo y la pasividad resultantes de la convicción prevaleciente en algunos, en cuanto a la imposibilidad de poder derrotar a un gobierno armado, capaz de reprimir, chantajear y manipular a la sociedad; con un poder central sin contrapoderes, límites, jueces, ni fiscales independientes. Un gobierno que ha construido una legalidad paralela para imponer sus desafueros y condenar, sin pruebas, a 13 años de prisión por unas supuestas palabras subversivas o enterrar a ciudadanos en una “tumba” como castigo ante su disidencia.

Pero, quizás la parte más delicada y compleja del análisis se refiere a la conceptualización del impacto que han tenido en esta disposición del voto ciudadano acciones políticas previas como La Salida. Se trata de la valoración de la acción de los estudiantes en la calle arriesgando sus vidas, de la búsqueda de nuevas soluciones ante la crisis, de la conmoción social de los sectores sociales desarmados, que al igual que “las luchas de clases en Francia”, erigieron barricadas en las calles para manifestar su repudio al sistema. La profundización de la conciencia de que una sociedad podía encontrar caminos alternativos ante la dictadura, derribar su muro de Berlín, desencadenar un nuevo Glasnot. Demostrar que no somos esclavos de normas y etapas rígidas, si en ello se consume buena parte de nuestra existencia. Es decir, acatar plazos y normas que en ningún caso eran aplicables ante una dictadura implacable que reprimió a la población en la calle, sin piedad, que segó vidas e intentó doblegar voluntades con el miedo y la represión. Allí está el tema más poderoso en la interpretación del 6-D. Algunos desdeñan cualquier análisis, niegan que estos acontecimientos hayan sacudido el alma de los venezolanos y rechazan a los que sintieron que era una responsabilidad asumir el rumbo de su destino, que exigía el quiebre del sometimiento, la pasividad y espera reinante, siendo que esas actitudes sólo convenían al grupo en el poder.

Las preguntas que debemos atrevernos a formular son las siguientes: ¿Qué relación existe entre la masividad del voto y el remezón de conciencia que produjo La Salida? ¿Carecen de importancia las muestras de valor de los estudiantes en las calles, la prisión de Leopoldo, Ledezma, Ceballos, los 75 presos políticos por el único delito de disentir, la resistencia de María Corina, los incansables viajes de Lilian y Mitzy?

Hay otro aspecto crucial, es inminente destapar la podredumbre de nuestras instituciones. El fraude que existe en nuestro sistema electoral, capaz de producir mayorías de última hora para alimentar triunfos por procedimientos “electrónicos” no visibles ante acompañantes complacientes que vinieron, pagados, a avalar la supuesta limpieza del sistema. Este es un tema que tienen que abrirlos centros de investigación, nuestros ingenieros y universidades. Tenemos que saber, finalmente, si es posible el fraude electrónico y preguntarnos ¿cuánto tuvo que ver el proyecto Cantaclaro y la presión de cerrar los centros de votación en el reconocimiento de los resultados del 6-D?; o como dijo alguien, es “pura brujería que sólo amerita exorcismos”.

No hay escape, hay que atreverse a deslindar los procesos ocultos que actuaron en este resultado del 6-D. Es verdad que cayeron mitos populistas y fascistas, pero también es verdad que la gente se atrevió a sublevarse, no sólo obedeciendo al rugido de sus estómagos, sino por ese sentimiento humano de rebeldía ante la injusticia y por saber que existen venezolanos capaces de arriesgar su vida por la libertad, como los estudiantes, los presos políticos y nuestros líderes.

isaper@gmail.com

@isapereirap