• Caracas (Venezuela)

Isabel Pereira Pizani

Al instante

Molina huele a naftalina

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Oigo el discurso del ministro Molina desempolvando la vieja teoría del valor, aduciendo que las viviendas que otorga la GMVV no son mercancías y por tanto solo tienen valor de uso y me invade un fuerte olor a naftalina ante el goteo de las antiguallas marxistas. Veamos, si usted compra un apartamento en Caracas, o en Valencia, ese inmueble tiene no solo valor de uso sino que también tiene valor de cambio, ergo, usted podría venderlo para adquirir uno distinto, quizás mejor o más de acuerdo con su interés particular y familiar. Pero si usted recibió una vivienda del gobierno a título gratuito, usted solo tiene derecho a un valor de uso, es decir, a usarlo, a estar en él. El gobierno decide cuánto tiempo puede permanecer en esa morada. Si acata las órdenes electorales del gobierno, bien, si no usted corre el grave peligro de ser desalojado de su valor de uso. Son las viejas premisas del derrotado marxismo que hoy huelen a naftalina en el universo entero.

Como gran crítica Molina aduce que se pretende convertir la vivienda en una “mercancía”. Sí, estamos de acuerdo, las mercancías son producto del trabajo humano, los animales no producen mercancías, una vivienda se construye invirtiendo un capital, con los recursos de ingenieros, arquitectos, maestros de obra, albañiles, cabillas, cemento, pintura, tubos, cables, etc. Al final se tiene un producto que no es una cueva en una piedra, o parte del paisaje natural; es un techo que protege a los seres humanos de la intemperie. Esta vivienda es entonces una mercancía que produce el trabajo humano, condición que para nada envilece su poder de dar cobijo, amparar, proteger a personas y a familias.

Oyendo al ministro, trato de espantar el olor a naftalina y me pregunto: ¿por qué es importante tener la propiedad de la vivienda? Esto me remonta a ideas muy queridas, como las que aprendí de John Locke. Para este filósofo la propiedad como creación única del ser humano acoge tres aspectos trascendentales. La vida es el primero, ya que usas tu tiempo, tus fuerzas, tu ingenio, conocimiento, para lograr construir o poseer una propiedad o para llegar a ser propietario. Tiene que ver con tus bienes, porque ahí depositas tus fuerzas, construyes tu patrimonio, que, tal como enseña Saint Exupéry, es aquello que a partir del momento en que te pertenece depende de ti. Tienes que cuidar, mantener, propiciar su transformación o conservar en su forma original. Locke nos enseña que esa propiedad solo es posible en libertad, y este es su rasgo dominante, cuando hay esclavitud no hay propiedad, lo que se impone en lugar de derechos son privilegios. Cuando hay totalitarismo no hay propiedad, porque todo depende de un ente hegemónico único, con poder de decidir sobre tu vida, tus bienes y tu libertad. No puedes crear ni disponer de propiedad, solo, como dice Molina, podrías usar cosas, si te lo permiten.

Por tanto las consejas de que el concepto de mercancía envilece el carácter de la vivienda, o que como no es mercancía no tiene valor de cambio, no son más que parte de antiguas tretas para sostener un estado de servidumbre, para ahorcar con un cordón letal las ansias de libertad humana.

Si usted es beneficiario de GMVV no puede ser propietario porque su casa no es una mercancía, es solo algo que usted puede usar mientras, y esto es clave, sea fiel a la doctrina que impone el poder hegemónico, en otras palabras “obedezca”.

Si la ambición de quien dirija un hogar es construir un patrimonio para sus descendientes, puede olvidarse, usted puede ser desalojado cuando menos imagine; no invierta en mejoras porque puede perder los salarios que utilizó en reformar las paredes, en lograr mayor confort, en convertir esa morada en un espacio amable para convivir, descansar y crecer.

El ministro deja caer una perla “el uso social de la vivienda se pierde al capitalizarla”, tratando de descifrar este acertijo me imagino que cuando habla de uso social, se refiere a que la vivienda que entrega GMVV no es para uso de una familia, es para uso social, es decir, úsela mientras se lo permitan y obedezca, pero el régimen decide cualquier otro uso social, es decir, usted no tiene nada en particular, solo un objeto cuyo fin es el uso colectivo el cual siempre es indiscriminado. Si es social, no es de nadie, solo depende de la voluntad de los que controlan el poder.

Los comunistas siempre se disfrazan y pretenden mostrar ante el mundo que son los portadores de una moral, una ética, que son los defensores de los débiles, de los más pobres; ello lo hace muy bien Molina cuando declara: “La vivienda en la revolución bolivariana y chavista es considerada como asiento material para el desarrollo espiritual de la familia. Es el hogar para el crecimiento de los niños y los jóvenes en un ambiente sano, seguro y digno. Por eso prevalece el valor de uso ante el valor de cambio”. Si esto es así, ministro Molina, por qué desconfías de la familia y te niegas a entregarle la propiedad; por qué solo otorgas un transitorio permiso para usar, agregando además que es un uso social, no personal, no humano, que no sirve para formar patrimonio familiar. Me haces recordar a tu camarada Stalin que construía en el centro de Moscú unas viviendas que no debían superar los 18 m2, con agujeros en lugar de ventanas y del cual eran desalojados los moscovitas ante cualquier infidencia al régimen. Ellos residían en viviendas que solo tenían valor de uso social. ¡Molina y Stalin, qué fuerte el olor a naftalina!

 

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@isapereirap