Un río manchado de negro
Hay recodos del Guarapiche en el sector La Hormiga donde las acumulaciones del hidrocarburo están a la vista | William Dumont / El Nacional
En un recorrido por las riberas del Guarapiche se observó que hay sectores pendientes de limpieza y que comunidades padecen los problemas ambientales que dejó el derrame del 4 de febrero en Jusepín
21 de febrero 2012 - 11:35 am
El petróleo está acumulado en uno de los recodos del río Guarapiche en Monagas. Una planta diminuta se alza desde dentro de la mancha negra como si se empeñara en vivir más allá de la amenaza de muerte. Esa orilla está solitaria: no hay personal de la Fuerza Armada Nacional que impida el paso ni de Petróleos de Venezuela que trabaje en la recolección manual del crudo que se derramó el 4 de febrero en la planta de extracción de la compañía localizada en el pueblo de Jusepín. Para llegar hasta esa parte del río hay que dar una caminata de casi una hora y media a través de un bosque llamado La Hormiga. Es necesario bordear el caño homónimo en medio de una vegetación tupida que produce la sensación de que el menor titubeo puede terminar en extravío.
La visita se hace 12 días después del accidente. Las señales de contaminación siguen a la vista. El petróleo circula con la corriente. Desde lejos se ve como hilos negros que se convierten en espirales o que se estiran, encogen y cambian de forma. Si se sumerge una botella, pronto se llenará de agua mezclada con el crudo. Manchas que parecen restos de aceite flotan por todas partes e incluso comienzan a observarse en el caño La Hormiga como si estuviera ocurriendo el contagio lento de un virus. Allí los pobladores salen a pescar desapercibidos. “Yo veo limpia la quebrada y por aquí no han venido a decirnos que no saquemos pescado”, dice Ana Aguilera, de 49 años de edad, quien va acompañada de una hermana y de una amiga, listas para la faena.
El paisaje del Guarapiche en La Hormiga es semejante al que se observa aproximadamente a 38 kilómetros de distancia, en San Vicente. El río pasa a medio kilómetro de las tierras de Alba Ramírez, de 51 años de edad. Ella afirma que ciertamente las aguas han mejorado su aspecto, pero aún no las utiliza para regar las 1.000 matas de plátano, las 500 de lechosa, las 500 de ají dulce y las 300 de tomate que tiene en sus casi 4 hectáreas de terreno. “Estoy muy preocupada”, dice. Después de transcurridas casi 2 semanas del accidente, sólo ha recibido 7.000 litros de agua en cisterna que no alcanzaron para la siembra. Los datos oficiales indican que 95% del crudo que se derramó ha sido recogido no se ha dicho oficialmente qué volumen fue vertido en el Guarapiche y que a la población se le entregado más 17 millones de litros de agua en camiones. Ramírez no deja de ver sus cultivos con lástima: “Están pidiendo riego. Pdvsa y el Estado se recuperarán, pero ¿uno cuándo saldrá de esto?”.
En San Vicente se encuentra una de las 2 plantas que potabilizan el agua del Guarapiche para consumo de Maturín y de las poblaciones vecinas. Con la noticia del derrame fue cerrada, para evitar la contaminación del embalse. Hoy ese lugar es una de las áreas con mayor custodia militar y mayor presencia de trabajadores contratados para el saneamiento del río. Se calcula que en esa población hay 190 pequeños productores como Ramírez que acusan los estragos de la contaminación. Uno de ellos es Francisco Sosa, quien perdió una hectárea de siembras de tomate por falta de riego: “Ya vino la gente de Pdvsa a hacer un avalúo y ellos prometen que van a indemnizar. Confío en que nos van a cumplir”. Dos cerdos de su propiedad murieron luego de que los lavó con agua del río: “De eso también hablamos con la compañía”. La necesidad de indemnizar a los afectados ha sido discutida por ejecutivos de la empresa y por miembros de la Comisión Mixta de la Asamblea Nacional que investiga el caso. “Se lo exigimos a la gente de Pdvsa cuando nos reunimos para pedirles detalles del caso”, dice Juan Pablo García, diputado por Monagas e integrante de ese comité legislativo.
A 15 kilómetros de San Vicente está otra población por donde el pasa el Guarapiche: El Furrial. Es una zona de sabana donde el eje económico es la producción petrolera. En el área de Los Bajos hay una gran propiedad ganadera que, según sus empleados, también ha registrado los efectos del accidente: “Las vacas toman el agua del río, pero ahora la traen en cisternas y eso ha complicado las cosas”. En una orilla desprovista de vigilancia y de la presencia de trabajadores de la corporación estatal, el panorama se repite como un calco: pequeñas porciones de crudo todavía se ven en las aguas, así como las manchas iridiscentes, señal de que un hidrocarburo las contaminó. A poca distancia, 10 kilómetros, está la instalación donde tuvo origen el derrame: la planta de Jusepín. El oleoducto que se rompió está ubicado a pocos metros del río Guarapiche: desde la vía cualquier conductor puede ver al personal que trabaja en la reparación de una tubería cuya falla dejó kilómetros enteros de naturaleza dañados por el petróleo.

