• Caracas (Venezuela)

Ildemaro Torres

Al instante

En verdad ¿qué son?

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La actual “reconstrucción interior” de cada venezolano, en términos de coherencia es parte de la reconstrucción general del país, en la cual necesariamente todos habremos de participar. Pero ello solo será posible al terminar esta pesadilla, pues más que una “curación” se requiere de una recomposición de las circunstancias, con una justicia que funcione y una moral para aplicarla.

Un país como el nuestro, que ha sabido de cancilleres y embajadores cultos y dignos, se ve hoy enfrentado a las bochornosas situaciones que protagonizamos en el plano internacional, con el propio presidente dándoselas de gracioso e ingenioso (?) a la cabeza de su banda; descrédito de nuestra proyección al mundo en el quehacer diplomático, con el asalto por ineptos y en muchos casos ignorantes, de los cargos fundamentales del servicio exterior.

De hecho la percepción de todo en negro puede demostrar falta de objetividad y un pecado de maniqueísmo, tan inconsistente como esas posiciones sectarias de todo color y aroma de  rosas; pero es algo más serio que enfrentar pesimismo y optimismo, pues de lo que se trata es de señalar lo que anda mal en función de corregirlo, de satisfacer las carencias o compensarlas. Genuina preocupación que convoca a ser atendida. 

El desencanto no es casual. Hay valores como la pulcritud administrativa, áreas como la seguridad, y derechos ciudadanos como la educación y la salud, acerca de los cuales quisiéramos tener evidencias de corrección y logros eficientes, para exaltarlos con satisfacción cual preciados alcances; pero sucede, para citar un ejemplo, que el saqueo del Tesoro Nacional es fechoría consuetudinaria, casi institucionalizada.

Las nefastas situaciones que estamos padeciendo son determinantes de nuestro deterioro social y cultural, que incluye el envilecimiento de nuestras relaciones interpersonales y un aterrador empobrecimiento de la lengua que es vehículo fundamental en el sano cultivo de esas relaciones. El poeta fue lo bastante sensible y galante al decirle a la amada, en respuesta a su pregunta acerca de qué es la poesía: “¡Poesía eres tú!”; mientras que de haber sido la pregunta: “¿Qué es barbarie?” y haberla formulado el comandante hoy celestial o uno de sus melosos herederos, la respuesta habría implicado un acertado cambio de sustantivo. Siendo gobierno, lanzar (como él lo hacía) contra una multitud estudiantil inerme y en una marcha pacífica, cuerpos armados superequipados y en actitud de quien va a batirse en guerra con un enemigo brutal, siempre será un acto cobarde y de máxima barbarie.

Como execrable es hacer de escolares, “pioneros” abusivamente adoctrinados; de adolescentes, sumisos seguidores del régimen a punta de demagogia populista y fraudulentos programas docentes que fabrican bachilleres en serie y a corto plazo; y a nivel universitario una gente estimulada por el facilismo e inducida al asalto de las instituciones con bombas lacrimógenas suministradas por la Guardia Nacional. Se suma el tener bárbaros al frente de áreas fundamentales, con la arrogancia de creerse aptos para el ejercicio de tales cargos y pretender lucir como si lo fueran. 

Es asimismo grave signo de barbarie oficial el despilfarro de los bienes del pueblo en sobornos y compra de supuestas lealtades; y lo es que mientras la mayoría de las naciones se preocupa por su desarrollo y el cultivo de la paz, este combo cuartelero gaste considerables recursos en la compra de armas, e irresponsablemente adopte ante otros países una conducta desafiante y belicosa. Entre tanto, da para reiterarles la respuesta de: “¡Barbarie eres tú!”; y apreciar que en buena hora la gente está demostrando que “no tener miedo” no es una consigna, sino una actitud.