• Caracas (Venezuela)

Ildemaro Torres

Al instante

Otro verbo

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Es considerable y cada día aumenta la cifra de venezolanos, incluidos profesionales jóvenes, que debido a necesidades, por la aspiración de acceso a fuentes de trabajo en las que aplicar sus conocimientos y experiencia, el deseo de ir a lugares en los que junto a seres apreciados puedan llevar adelante su formación, o bien por tratar de satisfacer sus requerimientos, aunque sea en unos términos que demanden conformidad, se han visto forzados a salir de Venezuela.

Sin duda una situación que tiene rango de lamentable para un país que, a consciencia de lo mucho que ellos significan y podrían aportar, los ve partir y alejarse; como también vemos a tantos colegas y amigos padecer (y personalmente padecemos), evocando juntos a los hijos y nietos ausentes, estos ahora iniciando o rehaciendo sus vidas en otros países e instituciones.

Y todo ello sumado a la masiva degradación cultural, educativa, ética y social a que ha sido llevada esta Venezuela militarizada, con el poder en manos de aventureros de manifiesta actitud primaria y notoria vocación delictiva, de brutales represores policiales con mínimo o ningún aprecio por la condición humana. Les es fundamental dentro de sus perversiones tener presos políticos y tratar de bloquear toda forma de expresión libre, lo que obviamente incluye impedir el referéndum revocatorio. Somos un pueblo sujeto a toda clase de agresiones oficiales, padeciendo enfermedades con instituciones hospitalarias destartaladas y carencia absoluta de medicamentos esenciales, con aterrador aumento de las estadísticas de mortalidad infantil y del grado de desnutrición cada vez más pronunciada, además de una desatada criminalidad que va desde secuestros hasta homicidios. Para colmo y como si fuera poco, afrontamos la confirmación de la extensa afectación territorial y ecológica de especies únicas y recursos hídricos, debido a la explotación del Arco Minero.

Hay actualmente y a escala internacional una experiencia que le es dable vivirla a cualquiera de nuestros viajeros en el exterior. Como colectivos y serios lo son el dolor y la vergüenza sentidos al ser testigos de ello. Donde quiera que vayamos nos aguarda la sorpresa de constatar cuán nombrada es Venezuela, como país que atraviesa una grave crisis que humanamente a nadie se le desearía, y asimismo ver cómo se refieren a nosotros con burla al comentar los discursos, intervenciones, respuestas y múltiples ridiculeces objetos de risa pública (pretendiendo ser gracioso) del ciudadano Nicolás Maduro.

A  pesar de su deplorable pobreza y torpeza expresiva, hay que sumarle a su léxico el verbo burlar por su evidente gozo al usarlo, por su placer de burlarse de este país y de sus habitantes, pero también al referirse a otros países y gobernantes, y lo ejerce casi que con rango de un verbo preferido, pero aclaro: no en su versión escrita, sino en el uso de su sentido práctico, que le es útil en sus frecuentes ejercicios de subestimación a otros seres.

 Para engrosar su colección de invenciones manipuladoras acaba de anunciar la llamada Gran Misión de Abastecimiento Soberano y Seguro, para “imponer orden en todas las cadenas de la economía” (¡Vaya Madurez!). Y decirlo a sabiendas de que  servirá  no solo como ha sido detectado, para que quien no haya robado todavía tenga chance de hacerlo, sino porque en medio de tantos complejos que arrastra, esto lo hace sentirse fuerte, amo del poder. Así que, ¡siga adelante, presidente!, con esta que me permito llamar Burla Mayor