• Caracas (Venezuela)

Ildemaro Torres

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Si yo fuera

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Sí, juguemos a condiciones hipotéticas, para ver qué pensaríamos y haríamos en tales casos.

Si yo fuera pintor de vallas y pancartas, pero sobre todo hacedor de afiches gobierneros, junto con haberme enriquecido rápido y en abundancia, como unos cuantos compañeros socialistas que hasta han levantado unos enormes talleres dedicados a eso, me sobraría trabajo, partiendo de cómo les gusta a los vivos bien enchufados hacerse propaganda y mostrar su retrato, en todos lados y a toda hora. Pero como lo que soy es albañil y estoy desempleado, lo que hago es irme muy temprano cada mañana a donde estén construyendo algo, a ver si me dan trabajo por el día.

Si yo fuera médico cubano, con Barrio Adentro estaría resuelto, pues gracias a este régimen que con chochera servil obedece a mi comandante Fidel, aquí tendría trabajo y me pagarían bien, y eso sin que a ninguno le conste que de verdad yo sea médico, porque nadie me pediría papel alguno que lo certifique, y además estaría tranquilo porque mis errores serían tapados o cuando menos disimulados. Pero si se es médico de aquí, aun después de haber cursado la carrera con la debida dedicación, egresado se tarda en conseguir empleo; el ministerio paga un sueldo miserable y en los hospitales se carece de los recursos básicos necesarios, y encima sometidos a un continuo descrédito oficial dentro de su política antiuniversitaria.

Si yo fuera un ejecutivo de Pdvsa estaría vestido con mi franela y mi cachucha rojas, tal vez metido –con vivas a la revolución– en varios guisos y quién sabe si portando maletas con dólares, cuidándome de que  no me descubran pero advertido que de ello suceder denuncie “una campaña mediática de los golpistas contra el prestigio de la empresa”. Pero como soy un ingeniero nativo, despedido y perseguido, a quien sí le duelen Pdvsa y el país, padezco el efecto de la malversación canalla que se hace de los ingresos petroleros, y vivo avergonzado del descaro de la conducta asumida ante el mundo por directivos, en ocasión de graves delitos internacionales.

Si yo fuera un militar tendría varias opciones. Si solo me interesara ascender, apreciaría un presidente que me ubicara alto, como lo hacía el eterno y celestial, o incluso como el pobre y elemental suplente actual, saltándose a mi favor méritos y antigüedades de otros, y yo le sería leal por deuda de gratitud. Si ese jefe me facilitara cambiar mi nivel de vida dándome un cargo importante, en el que pudiera manejar libremente un presupuesto cuantioso, contaría con mi más absoluta fidelidad de agradecido subalterno. La última de las opciones que tendría, pasa por la valoración ética de mi conducta de uniformado que ama y respeta su institución, un devoto de la Constitución y por tanto de la patria. En los dos primeros casos transigiría con lo viciado, pero en este último defendería celosamente a la Fuerza Armada ante cualquier intento presidencial de desvirtuarla. Aclarando, eso sí, que como demócrata abogo por los derechos humanos y estoy del lado de la dignidad, opuesto a que los militares vuelvan sus armas contra el pueblo que se las entrega; sin embargo, como no soy militar y no conozco el interior de ese mundo, entiendo que la actitud que se asuma (y ojalá que para bien) es cosa de conciencia de cada uno.       

Finalmente, si yo fuera un malandro  votaría por la reelección eterna del gran barinés, por quien me sentía muy bien representado, pues él justificaba que si yo tenía hambre robara, le complacía verme invadiendo fundos, nos daba pistolas y motos, etcétera. Pero no obstante lo poco que me gusta este tipo que insiste en la pretensión de suplirlo, algo debo reconocerle, y es que sin mucho estudio ni capacidad ¡qué lejos ha llegado!