• Caracas (Venezuela)

Ildemaro Torres

Al instante

Y los años pasan…

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Un dirigente político-religioso decidió  hace décadas que una novela era condenable porque “no reconoce que el Islam es la única religión verdadera en el mundo”, y desde su posición de poder se permitió lanzar a millones de personas fanatizadas –y además enceguecidas con el ofrecimiento de un pago terrenal y un premio celestial-  a la caza del autor, con la orden de darle muerte cual escarmiento, para que “nadie se atreva nunca más, a insultar la santidad del Islam”

Fue así que Salman Rushdie en su derecho a expresarse escribió Los versos satánicos y que todos aquellos que participaron en la publicación de dicha obra, fueron sentenciados a muerte por el Ayatolá Jomeini, con la promesa pública de los guardias fundamentalistas de Irán, de cumplir el mandato de su Imán; y el mundo observando atónito la persecución de un hombre culto y de sano pensamiento, por una masa a la que le bastaba para querer matarlo, el anatema dictado por un líder. 

En enero de 1989 varios ejemplares de  la novela fueron quemados por la comunidad musulmana residente en Bradford, Inglaterra, y en esa oportunidad Rushdie dijo, “Este es un día muy triste, no sólo para mí, sino también para la literatura inglesa”. Junto al imborrable recuerdo de los incendios de librerías por las huestes hitlerianas a nombre de la supuesta superioridad de una raza, permanecen en nuestra memoria los desmanes contra la cultura bajo las dictaduras militares en Argentina y Uruguay, y la imagen de soldados y carabineros de Pinochet, encendiendo grandes hogueras de libros en las calles céntricas  de Santiago y en los patios de los cuarteles chilenos.

Una especie de reencuentro con sensaciones de entonces conocidas, nos llega hoy desde Europa, donde varios países son actuales escenarios de un considerable despliegue y notoria actividad relacionada con el Islamismo, generando situaciones complejas señaladas como preocupantes. Voceros suyos, invocando la defensa de Mahoma y el Corán ante “una conspiración del colonialismo contra el Islam”, nos reiteran con su conducta una lamentable vigencia de lo impositivo, además de brindarnos un nuevo ejemplo de lo que puede significar la manipulación de la fe religiosa con fines políticos. A todas estas el actual régimen de gobierno de Venezuela ha establecido estrechos vínculos con el de Irán, y se dice le es activo proveedor de uranio.

Es deber del Estado garantizar la seguridad de los ciudadanos en todo momento y a partir de la valoración del ser humano en su unicidad y de la vida en su singularidad, sin esperar para actuar que las víctimas integren un doloroso plural. Nuestra toma de conciencia debe incluir la noción de la dimensión real de los hechos, y ser sensibles ante el incremento de la mortalidad de origen criminal.

A propósito de los sucesos del 27 de febrero de 1989, se dijo que “nada volverá a ser como antes”, pero era fácil predecir lo que quedaría confirmado; para los políticos de oficio: una declaración más, y para los militares: un axioma con el que de una vez quedaban comprometidos. ¿Qué lo nuevo?, formación de cuerpos armados especiales, uso de armas más sofisticadas, Caracas resectorizada, redistribución de las tropas, y la burla semántica de hablar de “protección de las ciudades” cuando en realidad se trata de la toma militar de las mismas. 

Son muchas las razones para que sintamos la absoluta necesidad, a nombre del país como un todo y de cada uno de quienes lo habitamos y nos duele su destino, de salir de este régimen de autoritarismo militar y desempeño delictivo; y que no haya duda del significado de participar en esa gran acción colectiva de higiene nacional, que busca recuperar la Venezuela que tal cáfila insiste en degradar.