• Caracas (Venezuela)

Ildemaro Torres

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Ildemaro Torres

¿Verdaderos cambios?

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Fueron varios mis años deslumbrado con el joven héroe de la Sierra Maestra, que al frente de seguidores inspirados en su arrojo había derrotado al ejército profesional de un dictador. Su condición antiimperialista y el triunfo traducido entonces en cambios radicales, constituían un estimulante desafío que apelaba a nuestra audacia aunque no a nuestra imaginación, porque antes que crear tratábamos de copiarnos.

En lo personal yo participaba aquí en todo acto celebratorio de esa que, con mayúscula y desde el principio llamaron Revolución; iba donde quiera que me invitaran a hablar de ella, y solía terminar con el poema “Tengo” de Nicolás Guillén, en el cual él proclama cómo a pesar de ser negro y pobre nadie lo discrimina ni le impide lo que él quiera ser y hacer, hasta afirmar categórico en el último verso: “Tengo lo que tenía que tener”, que levantaba aplausos entusiastas.

Pero vinieron mis viajes a Cuba y con ellos desconcertantes situaciones, que yo -negado a reconocer aberraciones- me empeñaba en buscarles o inventarles una explicación, siempre a favor; y pudieron más ellas en su insistente repetición. Distinto a lo dicho por el poeta, a los cubanos no les permitían entrar a los hoteles, devenidos en lujosos con grandes comedores y mesas espléndidas, ni a las tiendas para turistas, mientras que a esos viajeros al salir les pedían de regalo ropa o cosméticos.

Aplaudí la existencia de los recién creados CDR no sólo por su valor defensivo, sino por considerarlos médicamente importantes en el plano de la salud pública, como garantes de los exámenes citológicos de las mujeres y la vacunación masiva de los niños; pero esos CDR pronto pasaron a ser cuerpos de espionaje y delación entre vecinos. Se hizo patente el deterioro de las viviendas y del transporte público, un pueblo en ruinas con bodegas de estantes vacíos; se introdujo un lenguaje de degradación humana con calificativos como “gusanos”, se establecieron los juicios sumarios y fusilamientos, presos políticos y prohibiciones de salir del país. Calles y plazas saturadas de vallas promocionales del comandante. 

Criticados por los soviéticos ante lo que juzgaban como abusiva conducta cubana, por lo oneroso que les resultaba “mantenerlos, sin que crearan alguna industria importante y una economía propia”. Así, han usado el bloqueo como excusa para justificar sus fracasos, y lastimeros, pedir ayuda de afuera; pasando a ser Venezuela el financiador del impúdico cubano chupador de nuestro petróleo y de las menguantes finanzas venezolanas, hoy dificultadas en seguir manteniéndole su economía.

El jueves 18 El Nacional puso en primera página un titular trascendente de fuerte impacto, señalando que Estados Unidos y Cuba restablecerán relaciones diplomáticas, y decía: “Barack Obama y Raúl Castro enmiendan error de 54 años”.

Un reciente comunicado de la Casa Blanca, comienza diciendo: “Hoy, Estados Unidos está tomando medidas históricas para trazar un nuevo rumbo en nuestras relaciones con Cuba y para confraternizar y empoderar al pueblo cubano”. Señala asimismo: “Hemos aprendido por propia experiencia que es mejor fomentar y respaldar las reformas, que imponer políticas que convierten a los países en estados fallidos”

Una auténtica revolución es creativa y productiva, no parasitaria como lo ha sido la cubana, y Fidel más que un constructor e innovador ha sabido ser un hábil negociante y vividor; consciente y de hecho aprovechador de que el apego de Chávez a él era debido a una devoción enfermiza y una dócil  obediencia.                    

Hay indicios perceptibles y razones para darles crédito, de que generaciones actuales tienen una visión y apreciación distintas acerca del régimen de los Castro.