• Caracas (Venezuela)

Ildemaro Torres

Al instante

¡Vaya realidad!

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Hace un tanto más de 20 años fue de gran impacto la publicación de los “Papeles Secretos del Pentágono”, a los cuales se sumó la documentación hallada por estudiantes en los archivos de varias universidades importantes tomadas por ellos; reveladores conjuntamente de la existencia de una red de laboratorios e instituciones académicas ocupada en investigaciones científicas para la producción de dispositivos bélicos físicos, químicos y bacteriológicos. Desde entonces no ha dejado de ser conocido, aunque sea esporádicamente, algún reporte reiterativo de tales perversiones.

Terminada la Guerra Mundial, en la Casa Blanca, el Pentágono y el Departamento de Estado, hablaban de paz y de la necesidad de garantizarle al mundo que nunca volvería a vivir una pesadilla como la provocada por la detonación en Hiroshima y Nagasaki, de las bombas atómicas con las que por primera vez la humanidad fue testigo del poder devastador de las mismas, y sintió el terror nuclear como una nueva realidad  a enfrentar.

Además de lo aprendido a distancia con esa guerra y sus secuelas, en América Latina hemos tenido unas cuantas experiencias propias, con ejemplos ilustrativos como el de los médicos que asesoraban a los torturadores militares en Chile durante la dictadura de Pinochet, o el del partero argentino que despojaba de sus hijos recién nacidos a las madres prisioneras del régimen, para pasárselos con falsos documentos a oficiales sin hijos. En junio de 1995 Estados Unidos informó al mundo de un arma nueva que disparaba rayos y servía para “dejar ciego al enemigo”, que es como se le define en la jerga de la barbarie; y también ese año en la revista Scientific American un extenso trabajo titulado “Secretos Sucios de la Guerra Fría” reveló muchas otras aberraciones, entre ellas experimentos con radiaciones. En Irán un ayatolá condenó a muerte al escritor Salman Rushdie  por considerar que en una novela “no reconoce que el Islam es la única religión verdadera en el mundo”.

Muchos debutamos en lo político cuando Pérez Jiménez, época de terror en la que las charreteras, los sables y en general todo lo castrense eran sinónimos de abusos, torturas y crímenes.  Asimismo, en tal sentido da bastante para hablar con dolor y vergüenza cuanto sucede actualmente en nuestra Venezuela militarizada y signada por la crueldad, la degradación de la dignidad y la subvaloración de la vida humana. Constatamos además una triste indolencia, pues durante este régimen han fallecido varios venezolanos ilustres, de valiosos aportes en los campos del arte, la ciencia, la música, la literatura y otros, sin que haya habido ni la más mínima expresión de duelo oficial a nombre del país afectado por tales pérdidas.

 El gobierno dice llevar adelante una cruzada contra la corrupción, sin embargo, circulan nombres de gente suya y casos concretos que demuestran una vigencia de conducta hamponil y vocación delictiva. Por otra parte, uno se topa con hechos que no dejan de llamar la atención como el acceso incontrolado a los bienes de la nación, para armar y movilizar las pandillas paramilitares del régimen.

Inevitable pensar en el futuro, tanto como deseamos a veces poder anticiparnos a lo que pueda traer, es por lo que uno mira a su alrededor, desde simple visión hasta acuciosa observación, en los terrenos o ámbitos en que uno se desenvuelve cada día, y lo hace a la búsqueda de alguna perspectiva confiable de posibles logros, de algún asidero y hasta eventual apoyo para materializar novedosas ideas constructivas; pero en las circunstancias actuales lo que se suele hallar son hechos, situaciones y conductas, que por su propia naturaleza conforman respuestas negativas, y la sensación de caos se nos ha vuelto familiar.