• Caracas (Venezuela)

Ildemaro Torres

Al instante

¡Ssssshhhhh!, por tu bien…

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Con los cómics hemos aprendido, por ejemplo, que ¡¡Crash!! es el sonido de los platos al romperse y de la mandíbula de un bandido fracturada por un puño de El Fantasma, o que Arff…arf es la forma de Popeye reírse de algo o de alguien; y el ¡Sssshhhh!!... es tan conocido que ya ni se necesita el dibujo de una enfermera con un dedo delante de los labios cerrados, para que hagamos silencio; y sin embargo, a pesar de lo popular del significado, ha vuelto a hacerse presente cual rutina de la vida diaria, con rango de un alerta solidario acerca de la conveniencia de callar o al menos de ser discretos en lo que digamos en determinados lugares y ante cualquier persona, porque hoy y cada vez más la delación (“croac... croac”), la acusación vil, los falsos testimonios, han ido transformándose en norma de vida y de conducta en el país, con claros signos de conformar una política de Estado perceptible en el desempeño público de cada uno de los poderes que lo conforman.

A decir verdad nada de esto es nuevo, recordemos que hace años el alcalde Bernal viajó a Cuba a informarse bien, según dijo, de la organización y funcionamiento precisamente de los CDR, que comenzaron ocupándose de las campañas de vacunación masiva de los niños y otros aspectos de la salud pública; pero pronto pasaron a ser los centros que supimos son de espionaje y delaciones en cada vecindario. El alcalde mayor anunció entonces la creación con cooperativas de taxistas, de escuadrones de espías al volante, conminados a delatar, pagados para hacerlo, por querer saber de qué se quejaban los opositores, pero no para él corregir fallas de su gestión sino para reprimirlos cual enemigos del proceso.

Instancias como la Fiscalía General, esencialmente policial, parecen funcionar con soplones propios cuyos reportes serían la base jurídica a partir de la cual quienes la presiden actúan y el jefe ordena la consiguiente persecución, tal como si ello tradujera una extinción de vergüenza en la administración de justicia, y un apego preferencial a la infidencia antes que a la investigación seria y sobre todo transparente e imparcial, de cualquier caso delictivo.

Es bien conocido tras unas cuantas experiencias negativas, el espionaje entre compañeros de trabajo, por colaboradores vocacionales del régimen o funcionarios a sueldo que cumplen el rol de batracios. Es grande, temible y temido, el espionaje en los organismos e instalaciones castrenses; medio en el cual es vital la cautela para asumir cualquier actitud que el soplón cercano pudiera considerar como sospechosa de lo que a él se le ocurra, o para expresar algún juicio que pueda resultarle  contrarrevolucionario al espía de turno.

Tan  agraviante conducta oficial en una Venezuela militarizada, ya dura años, a lo largo de los cuales no ha hecho sino empeorar, hasta el extremo de traducirse hoy en organismos formales civiles y de uniformados, con gente  entrenada, adoctrinada y armada, que sigue normas y cumple indicaciones, ufanos con el título no ya burdo de espías y delatores, sino de patriotas cooperantes.  

Maduro y sus socios nos quieren anulados, hablando nimiedades que obvien sus abusos, mientras ellos cada vez que abren la boca es para mentir, amenazar, e incitar al odio; y ¿hasta dónde vamos a complacer a tal tropelía de asaltantes del poder, saqueadores del tesoro nacional, y brutos de crueldad extrema? También al locuaz  presidente como que habría que decirle ¡ssssshhhh!, aunque sea por un rato, y nosotros en esa pausa de su verborrea dejemos de ser solo reactivos y nos organicemos, tracemos una estrategia que nos permita salir de tanto oprobio y diseñemos juntos el digno futuro que merecemos como país y como pueblo.