• Caracas (Venezuela)

Ildemaro Torres

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Intento de respiro

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Creyendo merecer cambiar de tema aunque sea por un rato, me referiré a título de respiro en medio de tan asfixiante barbarie, a algo que me es grato en su esencia.

El "placer de leer", así se le llama y es una acertada definición de ese significativo acto, determinado por una suma de circunstancias, costumbres, educación y cultura, interés, curiosidad, sensibilidad, y una larga lista de seres, actitudes, gustos, e identificación; a lo cual se agrega y son determinantes, la calidad de lo narrado o descrito, una impecable edición, y el poder de encantamiento y contagiosa fascinación emanada de la autoría.

Es palpable y fácil de constatar una pasión por la lectura, y que quien la lleva consigo como rasgo vital, tiene su lista de autores más admirados y su orden de preferencias. Cuando se venera a un creador se le sigue a lo largo de su camino imaginativo, entre varios motivos por asociársele a un disfrute, a una forma de goce de la vida. Y es que ese lector se hace investigador y recopilador no sólo de las obras llevadas a libro, sino de cuanta observación, comentario o juicio emita el escritor, leídas a distancia o bien –complacencia aún mayor– visto y oído en persona.

Es grande el placer de leer las palabras por su propio significado, como también cuando traducen el sentido de un texto en términos de cultura y profundidad de reflexiones

Por otra parte, a la definición de la condición de escritor y qué lleva a serlo, habría que agregar las características propias, cómo encarar ese ejercicio en razón de sus normas e ideas básicas, y esperar como rasgo distintivo un responsable sentido crítico, con apego a altos valores éticos, una actitud honorable ante el devenir político y ser fiel a la pertenencia a un país, una tradición y una historia.

El efecto conducente a ocuparme hoy de dicho tema, deriva de haberme reencontrado entre tantas páginas y recortes guardados, con escritos que desde un primer contacto con ellos me cautivaron; y haré algunas citas como ejemplos del alcance de frases dichas o escritas por gente que goza de un reconocimiento universal.

Así hace poco releí este agudo comentario que nos legó años atrás Jorge Luis Borges, de impresionante vigencia: "Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad. Más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. La mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez...".

El 15 de octubre de 2005 El Nacional publicó un denso ensayo de Enrique Krauze, titulado "Decálogo del populismo iberoamericano", en que afirma que "el populismo en Iberoamérica ha adoptado una desconcertante amalgama de posturas ideológicas. Izquierdas y derechas podrían reivindicar para sí la paternidad del populismo, todas al conjuro de la palabra mágica: 'pueblo'. Populista quintaesencial fue el general Juan Domingo Perón, quien admiraba a Mussolini. Populista posmoderno es el comandante Hugo Chávez, quien venera a Castro hasta buscar convertir a Venezuela en una colonia experimental del nuevo socialismo".

Hace de cierre ideal, la página de este diario del 2 de marzo 2008, elaborada por Diego Arroyo Gil: una entrevista que le fuera hecha al filósofo y escritor Fernando Savater, con preguntas formuladas por varios intelectuales venezolanos, y de sus respuestas de riqueza conceptual, me permito citar afirmaciones como esta referida a Chávez: "Un demagogo que mezcla denuncias sociales razonables con un antiimperialismo de manual descatalogado", y estas: "Vivir en democracia es renunciar a exterminar al adversario", "creo que es preferible creer en ideales que en utopías. La utopía es el sueño de unos pocos que se convierte en pesadilla de todos los demás".