• Caracas (Venezuela)

Ildemaro Torres

Al instante

Espejo del mundo

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Convivimos con imágenes fotográficas, televisivas y fílmicas, que nos rodean e incluso vienen a encontrarnos, que entran en nuestras casas, asaltan la privacidad y más de una vez interfieren con el ansiado sosiego. En el marco de la cotidianidad hay hechos repentinos que nos sacuden emocionalmente y cuyo registro testimonial y perdurable nos devuelve a la percepción de lo que representa para el hombre, hacedor y cronista de la historia, contar con ellas.

Ha sido dicho y con razón, que una sola imagen fotográfica puede resumir el sentido de un hecho histórico, circunstancial o trascendente, o de todo un proceso; y puede asimismo concentrar la atención de quien la vea, en ese gesto o en ese instante clave que haya quedado registrado en el papel. En la calle y en los autobuses, los lugares de trabajo y de diversión, uno observa a las otras personas y trata de adivinarles los pensamientos, la vida que llevan, y alguna vez ha querido conocerles el destino, pero la visión es efímera, se da al paso. 

Uno lee la prensa y procura enterarse no solo de lo que sucede en el entorno inmediato, y uno ve y valora las fotografías que acompañan esas informaciones o que, con valor propio, hacen de reportajes visuales o crónicas de situaciones.   

En lo internacional hemos visto fotografías de invalorable significado documental, impactantes en lo terrible del hecho captado; abundan los ejemplos relacionados con guerras que el mundo ha padecido, pero también los hay de escenas de la vida citadina, como el asesinato del presidente Kennedy y de su homicida; la del instante en que el jefe policial vietnamita Nguyen Ngoc le disparaba a la cabeza a un prisionero vietcong (foto ganadora del Premio Pulitzer 1969); en Venezuela también hemos sabido de imágenes desgarradoras, las más notorias relacionadas con el fenómeno de la represión, así la fotografía tomada por la propia policía del cadáver de Leonardo Ruiz Pineda tirado en una calle de San Agustín en 1952, y años después la del cadáver horriblemente deformado de Alberto Lovera; a lo cual se suman las imágenes que recogidas en décadas han desnudado la sordidez carcelaria. 

Ahora, cercados por la acción de una delincuencia y de una policía identificadas en la disposición a disparar, nos sacuden de horror fotógrafos que nos dan evidencias de un tránsito violento y múltiple hacia la muerte, cual signos de estos tiempos Y si algún reconocimiento es justo hacer en este marco de circunstancias, es el del significado y los alcances de la fotografía periodística, las hay extraordinarias por impactantes y reveladoras, y las hay que demandan una reflexión posterior, para decantar apreciaciones y juicios.

Se cumplen ahora sesenta años de la exposición de fotografías que hiciera el Museo de Arte Moderno de Nueva York, bajo el título The family of man. En ella se trataba al ser humano como individuo y como miembro de una familia, de una sociedad y de un mundo; se mostraban expresiones de sus afectos, gustos, temores, ocupaciones, juegos; se le presentaba en escenas de amor, de alegría y de tristeza, de paz y de combate, y en sus reacciones ante hechos de la vida y el fenómeno de la muerte; se hacía con él un recorrido que partía del nacimiento y se internaba en el universo propio de cada edad; y se reunían, por último, las muestras visibles de sus logros y expectativas.

Shakespeare se refería al teatro, cuando en Hamlet lo definió así: “Ser el espejo de la naturaleza humana; mostrarle a la virtud su verdadero semblante, al vicio su propia imagen y a cada época y al cuerpo del tiempo su forma y su trasunto”. Al ver fotografías como las comentadas, se siente que es válido extrapolar dicha observación a tan importante disciplina.