• Caracas (Venezuela)

Ildemaro Torres

Al instante

¡Basta ya!

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Es el nuestro un territorio tomado por la violencia, en el que son incontables los homicidios impunes incluso de familias; se enmascaran los ensañamientos policiales, se dejan sin juzgar a asesinos identificados en el acto criminal; se glorifica a pistoleros oficiales y hasta se les rinden homenajes póstumos. Asimismo son expresiones de sufrimiento humano, las miserables condiciones de vida de muchos pueblos que arrastran múltiples carencias. Cabría sí citar también pero como ejemplo de contraste situacional, el que hay entre el costo de uno solo de esos aviones súper veloces, que nos permiten verlos volar durante unos pocos minutos cada 5 de julio, y la pobreza crítica que a ritmo alarmante crece día a día ante nuestros ojos, afectando a sectores cada vez más amplios de la población.

Impresionante el despliegue de armas que se nos muestra cada noche en la televisión, como si algún vendedor nos estuviera presentando un catálogo para que decidamos cuál comprar. Una preocupación más que justificada es que a juicio de la Organización Médicos del Mundo por la Prevención de la Guerra Nuclear, los gastos militares constituyen “la principal enfermedad de la humanidad”, y para demostrarlo señalan que desde 1960 esos gastos se incrementaron en más del 600% , que cada segundo el mundo gasta en la carrera armamentista miles de dólares, y que la suma que se destina por horas a esa carrera equivale a la que se requirió por varios años para la erradicación mundial de la viruela.

El jefe barinés no ocupaba su trono regularmente, sino en sus breves visitas al país cuando hacía sus frecuentes viajes por todo el mundo; de resto se sentaba flotando en el espacio entre nubes de petrodólares. Hoy y aquí es la muerte la entronizada, es ella la que nos preside, la que signa y determina nuestra realidad actual, habiendo tenido de comienzo como fieles cortesanos al teniente coronel y sus secuaces; algo no superado con la ida de él al ámbito sideral, sino empeorado con la mediocridad y la descarada vocación delictiva de sus sucesores. Quedó cual evidencia trascendente suya, el registro en su currículo militar y golpista de una considerable estela de muertes, y de su manifiesto gusto cuartelero por el color rojo sangre.

La experiencia enseña que el abuso oficial nada tiene que ver con garantías suspendidas o vigentes, es un fenómeno dolorosamente usual, ajeno a otras circunstancias; como tampoco se trata de un caso excepcional.

Si en algo se palpan nuestro atraso político o nuestra apatía, es en lo fácil de ponernos  a actuar en la dirección que otros deciden. Se nos hace partícipes forzosos de situaciones acerca de las cuales nunca fuimos consultados ni recibimos  explicación, y en las que se nos atrapa con tono envolvente. Padecemos la brutalidad del régimen como represión policial, siendo uno de sus problemas más serios no el atropello en sí (por raro que parezca), sobre todo si es sólo físico, sino la lamentable secuela que suele acompañarlo, caracterizada por la amenaza de retaliación, el chantaje terrorista y la agresión contra toda víctima que ose denunciarlos, lo que ha terminado por conformar un humillante círculo vicioso, con el envalentonamiento de los agresores derivado de su impunidad, y revertido cada día en nuevas y peores formas de agresión.

Ante la situación que hoy azota al país, inducida por un régimen primario que con su degradante actitud pretende hundirnos  aún más, en el peor de los atrasos; como noble contrapartida regresan al presente los versos que Neruda le dedicara al aire, como único elemento que no podrán quitarnos ni vendernos en metros, kilos o litros, ni entero ni parcelado, al aire como lo único que nos va quedando en propiedad colectiva.