• Caracas (Venezuela)

Ignacio Serrano

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El regreso de Dave Hudgens

El mánager, Dave Hudgens / Leonardo Noguera

El mánager, Dave Hudgens / Leonardo Noguera

La contratación del técnico estadounidense es una afortunada sorpresa, porque los Leones no ocultaron su decepción por él

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Una mañana de septiembre, en 2011, el estadio Universitario nos recibió con una imagen novedosa. Delante de la jaula de bateo, bajo un sol esplendente, el manager Tim Teufel daba los últimos ajustes a un aparato.

“Es la máquina Hudgens”, bromeó Luis Ávila, presidente de los Leones.

Teufel estaba en el proceso de tomar las riendas del equipo, luego de dos exitosas temporadas de Dave Hudgens, el piloto con más victorias en la LVBP entre las campañas 2009-2010 y 2010-2011.

Como parte de las innovaciones, el Caracas había adquirido un aparato de bateo para practicar los toques de bola. La ocurrencia de Ávila cobró sentido.

Hudgens pareció caer en desgracia cuando, en medio del desplome que sufrieron los melenudos en la semifinal de 2011, ordenó en una situación cerrada tocar la bola a su mejor bate, Josh Kroeger, el Jugador Más Valioso del campeonato regular por su habilidad para sonar extrabases.

Aquella decisión se convirtió en todo un símbolo: una parte gruesa de la fanaticada borró todos los antecedentes del estratega, el último que ha llevado a los capitalinos a una Serie del Caribe, y le tachó como un impenitente tocador de pelotas, una característica que, por cierto, el estadounidense sólo había enseñado de cuando en cuando antes de ese playoff.

Y esa sensación permeó hacia arriba, hacia la directiva, donde se creó un consenso, a nuestro juicio errado: “Perdió el fuego. No tiene la cabeza en Venezuela, sino en los Mets, desde que lo contrataron como coach de bateo”.

Aquella frase, palabras más o menos, fue repetida por varios ejecutivos al marcharse Hudgens, al anunciar luego que no regresaría, al contratar a Teufel y en sucesivas charlas en las que apareció el nombre del depuesto timonel.

Hudgens nunca volvió a ser una opción, a pesar del fracaso de su sucesor y del despido de quien vino después, Rick Sweet. Pero es curioso cómo el mundo da vueltas, y la vida también.

Ya lo de Kremblas era un aviso: no regresó después de la 2009-2010 y comunicó su decisión a mediados de año, lo que potencialmente era un desastre para la divisa, y tuvo otra de sus salidas inesperadas cuando vino con Magallanes, dos años después, y decidió irse al aeropuerto sin avisarle a nadie, porque no estaba de acuerdo con el modo en que se conducía al equipo en las oficinas.

Kremblas fue descartado para nuevos encargos por el alto mando caraquista, con evidentes señales de decepción, hasta que surgió como sustituto inesperado de Rick Sweet, el sucesor del despedido Teufel.

Ahora le toca a Hudgens, en circunstancias muy parecidas a su primera venida; entonces fue contratado a sugerencia de los Indios, con quienes trabajaba como roving instructor, al renunciar Kremblas, y ahora acepta el envite después de que Omar Vizquel, el heredero natural de Kremblas, enfrentara una situación personal que requiere su atención a finales de año.

Kremblas probó ser un estupendo remedio. A pesar de ser impredecible, algo que dentro del terreno de juego a menudo resulta una virtud, es un manager fogoso, inteligente, apreciado por la cueva. Tanto con los Leones como con los Navegantes, siempre ha tenido récord sobresaliente.

Hudgens también. Es un profesional de primera, a quien no debería etiquetarse injustamente por un toque de bola. Sí, fue una jugada cuestionable, pero durante dos años dio pruebas de su capacidad para conducir un club de pelota.

Fue ganador con la nave y con los felinos. Un conversador agradable. Un gran conocedor del juego.

El mundo da vueltas, sí, y la vida también. A veces echar para atrás es lo más indicado para avanzar. ¿Sucederá aquí con el Caracas?

El tiempo dirá.