• Caracas (Venezuela)

Ignacio Serrano

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Esos crasos errores arbitrales

Bob Abreu, jugador de los Leones del Caracas, conversa con Oscar Prieto Párraga en el estadio de la UCV / Henry Delgado

Oscar Prieto Párraga / Henry Delgado

Los umpiresde grandes ligas han sido el centro de graves errores esta semana. La polémicaes grande. La pelota venezolana no debería mantenerse al margen

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El último juego de John Stearns en Venezuela fue un desastre. Los Leones estaban en medio de un pésimo inicio y el manager, que había llegado ya con la temporada iniciada y el equipo a la deriva, estaba por cometer el último de una cadena de errores que agotó la paciencia de la gerencia y la fanaticada. En la parte alta del quinto inning, Stearns salió a hablar con Keino Pérez y llamó del bullpen a Jacobo Sequea. El problema, como protestaron las Águilas, era que las reglas prohíben a un técnico ir al morrito dos veces con un mismo bateador en el home. Los umpires están obligados a advertírselo al piloto o al coach, y si cruzan la raya de fair, deben ser expulsados inmediatamente, su pitcher debe completar el turno y luego ser reemplazado perentoriamente. Los árbitros no recordaron esa parte del reglamento aquel sábado en la noche, en el Universitario. Tampoco Stearns, que ya había ido una vez a la lomita. En la cueva derecha, Mark Bombard y su staff sacaron ventaja y el Caracas se hundió en la confusión. Al final, Zulia ganó y Oscar Prieto Párraga le anunció al norteamericano que no seguiría en el cargo, luego de 16 caídas en 19 partidos. “Hoy estoy cumpliendo 19 años como gerente del club y es la primera vez que despido a un piloto”, nos dijo Prieto Párraga la mañana del domingo 14 de noviembre de 1999.

Managers y umpires están expuestos a errar. Lo que sorprende es que en ocasiones ocurran fallos como ese de la temporada 1999-2000, en el que únicamente Bombard reparó que algo estaba mal, o como lo sucedido en las grandes ligas esta semana. En Cleveland, el martes, Adam Rosales disparó un batazo que dio en las rejas ubicadas sobre la raya amarilla del left center, el típico tablazo que debe ser revisado con las repeticiones de TV. Sólo que esta vez la cuarteta decidió mantener la decisión original, tubey, después de visitar el cuarto de video. Fue tan obvio el error, que el encargado de disciplina de Major League Baseball, Joe Torre, no dudó en exponer a la vergüenza a los hombres de azul, con un comunicado en el que subrayaba lo obvio y desmentía a sus umpires, que se habían escudado en la excusa de que las tomas que ellos revisan no son las mismas que vemos los televidentes. “Ellos vieron lo mismo que nosotros vimos”, fustigó Torre, inclemente. Dos noches después, algo peor: Bo Porter, dirigente de los Astros, trajo a relevar a un derecho, Wesley Wright. Mike Scioscia, timonel de los Ángeles, respondió con el bate zurdo de Luis Jiménez. Entonces Porter volvió a entrar al terreno y, para asombro general, llamó al zurdo Héctor Ambriz y se llevó a Wright cuando éste terminó de calentar. Lo que vino después fue una caricatura: Scioscia le recordó a los árbitros que la regla es clarísima: un relevista tiene que medirse al menos con un rival, salvo que se haya lesionado calentando; los umpires se reunieron tres veces, ¡tres!, para discutir entre ellos si Scioscia tenía razón o no; y el novato Porter, ingenuamente, declaró al final del gaffe: “Por lo que entiendo, si me cambian al bateador, puedo cambiar al pitcher que había traído a lanzarle a ese bateador”. Pero no es así. Hay pocas reglas más específicas que la que prohíbe hacer eso.

Pasa en la LVBP y pasa en las mayores. El único epílogo aquí es admitir que el oficio de umpire es difícil y está expuesto al cruel escrutinio público. Que se debe promover todo el apoyo tecnológico posible para facilitar su tarea. Que de vez en cuando, sí, hay que tirar de alguna oreja. Y que, en beneficio del espectáculo, más valdría que cada mes los jueces rindieran un examen sobre el reglamento, incluso en las grandes ligas.