• Caracas (Venezuela)

Ignacio Serrano

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Mariano Rivera, Cooperstown y el Kid

Mariano Rivera | Foto: Reuters

Mariano Rivera | Foto: Reuters

El panameño se retira del beisbol al finalizar este año y apunta al Salón de la Fama

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Mariano Rivera se retira.

El panameño hará su último pitcheo a finales de esta temporada, si la salud le acompaña. Dirá adiós cuando esté a punto de cumplir 44 años de edad, un año más tarde de lo esperado.

El mejor cerrador de todos los tiempos deseaba colgar los spikes al terminar 2012, pero ocurrió aquella aparatosa lesión en abril que le envió al quirófano y le obligó a postergar la despedida.

Un grande merece irse entre aplausos, no aferrado a las muletas.

Rivera soplará las velitas en noviembre, cuando habrá comenzado la cuenta regresiva para su ingreso a Cooperstown. Es el líder de todos los tiempos con 608 salvados, 892 juegos finalizados y una estadística reciente que refleja su dominio: la efectividad ajustada.

Este último departamento consiste en comparar la efectividad de un lanzador con el rendimiento de cada serpentinero en cada temporada en cada estadio. El promedio de la liga es 100. Cada punto por encima o por debajo de ese promedio es un punto porcentual sobre o bajo la media.

Pues bien, el canaleño tiene una efectividad ajustada de 206, la mejor de todos los tiempos. O lo que es igual: Rivera ha sido 106 por ciento mejor que el promedio de los monticulistas de su época. Extraordinario.

Hubo un momento en que Francisco Rodríguez parecía seguir los pasos del cerrojo de los Yanquis.

Tuvo la fortuna de debutar en las mayores siendo más joven, recibió temprano la responsabilidad de encabezar un bullpen y fue, a qué dudarlo, un muy exitoso bombero.

Rodríguez tiene 30 años de nacido, cumplidos en enero. Cuenta 294 salvados, 720.2 innings, 878 ponches, 38 victorias, 34 derrotas y 2.70 de efectividad. Un dato valioso: el Kid tiene una efectividad ajustada de 156, es decir, ha sido 56 por ciento mejor que los tiradores de su tiempo, un registro también sobresaliente, aunque no alcance el insólito lugar donde se halla el panameño.

En comparación, Rivera iba a la zaga del venezolano al terminar la temporada que lanzó con 30 años cumplidos: por entonces, en 2000, tenía apenas 165 rescates, 452.1 entradas, 395 ponches, marca de 33-17 y 2.63 de efectividad.

Es asombroso el ritmo que logró el caraqueño hasta 2011, al punto de que, a pesar de sólo preservar tres lauros de su equipo desde agosto de ese año, a pesar incluso de vivir la peor cosecha de su vida en 2012, sus registros son iguales o mejores que los del aclamado istmeño.

La gran virtud de Rivera ha sido la consistencia y una salud que le ha permitido sumar torneos completos en 15 de sus 17 campeonatos como relevista de Nueva York.

Desde que los Yanquis abortaron la idea de usarle como abridor, un experimento que se limitó a su año de debut, 1995, únicamente en 2002, cuando “sólo” lanzó 45 juegos, sufrió problemas físicos de importancia, hasta que la rotura del ligamento cruzado anterior en la rodilla le envió a la lista de incapacitados en abril pasado.

Rodríguez perdió el ritmo cuando perdió la consistencia, en 2010, su segunda campaña con los Mets. Tal vez fuera por lo ocurrido fuera del terreno, quizás haya sido la merma de su velocidad, aunque esto último se contradice con el hecho de que el Kid jamás ha ponchado menos de 9.0 adversarios por cada 9.0 innings.

¿Los boletos, entonces? Tampoco es la respuesta, pues en las últimas tres justas ha tenido mejores promedios que en su época dorada en Anaheim (cifras como esas permiten pensar que el criollo no está acabado aún, por cierto).

La dificultad para mantenerse en la élite de los cerradores por más de una década es la verdadera grandeza de Rivera. También es la razón por la que en agosto de 2019 subirá a un podio en Cooperstown, para agradecer su entrada al Salón de la Fama.