• Caracas (Venezuela)

Ignacio Serrano

Al instante

Los Tiburones y Oswaldo Guillén

Oswaldo Guillén / Henry Delgado

Oswaldo Guillén / Henry Delgado

El campeónde la Serie Mundialde 2005 estuvo muy cerca de aceptar el timón de La Guaira. Hasta consultó aAlfredo Pedrique sobre dirigir en Venezuela

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Oswaldo Guillén fue en algún momento el candidato más claro para dirigir a los Tiburones en la temporada 2013-2014. La búsqueda terminó ayer, al formalizar el equipo la contratación del también ex manager de grandes ligas Tony DeFrancesco. Pero ya una vez Antonio Herrera señaló, tajantemente, que Guillén será el piloto “el día en que él lo pida”. Así de cercana es la relación entre el ganador del Guante de Oro y su organización de toda la vida en Venezuela. Herrera admitió, al formalizar el nombramiento de DeFrancesco, que el ex campocorto dio un paso al costado, luego de considerar la posibilidad de tomar las riendas de La Guaira. Pues bien, esa eventualidad estuvo más cerca que nunca en los meses recientes.

Tan en serio consideró el asunto el campeón mundial de 2005, que hasta lo conversó con Alfredo Pedrique, el único otro estratega venezolano que ha dirigido en las mayores. A Pedrique lo bombardeó con preguntas sobre la diferencia entre pilotear en la gran carpa y hacerlo en la LVBP. Su entusiasmo era legítimo y así lo dio a entender a sus íntimos. Al final, pesó más la decisión en familia que el viejo sueño. Ya el boricua Eduardo Pérez, al hablar de la posibilidad de conducir a los litoralenses, admitió al periodista Enis Espinoza que esa decisión tenía que pasar por el tamiz de su esposa e hijas. La vida de quienes están vinculados a la pelota es ingrata, en ese aspecto; Pérez, como coach de banca de los Astros, y Guillén, ahora como analista de ESPN, pasan buenos períodos lejos de sus seres queridos, debido a los viajes de los equipos o los compromisos de las transmisiones. Conducir una novena en la LVBP implica tres meses más de ausencia, como mínimo, y pueden ser más de cuatro si la divisa avanza a la final, o si la gana y debe viajar a la Serie del Caribe. Está el añadido de los viajes en carretera, salir de Caracas para jugar en Barquisimeto y regresar al Universitario, antes de partir a Puerto La Cruz, un cronograma de viaje que es rutina para los equipos del centro del país. El ex timonel de los Medias Blancas y los Marlins, evaluó todo eso. Al final, pesaron más los planes que ya había fijado con los suyos, especialmente ahora que, con su nuevo trabajo, no está de vacaciones entre abril y octubre. Es una lástima, visto desde el egoísta punto de vista de nuestro beisbol, porque Guillén será una parte importante del espectáculo el día en que finalmente dirija aquí.

Más allá de su personalidad de flamboyán y de que será una interesantísima intriga esperar a ver qué hace o qué dice antes, durante o después de cada juego; más allá de todo lo obvio en cuanto a su carácter, está quizás el aspecto más subestimado por ese enorme grupo de personas que se detienen en el ruido de sus comentarios ante los micrófonos y libretas. Ese aspecto es la indudable calidad de Guillén como estratega. No se tienen nueve temporadas de experiencia en las grandes ligas por una dádiva del dueño de un equipo; no se gana  una Serie Mundial por un golpe de suerte (de hecho, todavía no ha aparecido otro latinoamericano que emule aquel lauro de 2005); no se acumulan más de 1400 juegos ni más de 700 victorias en las mayores por una mera casualidad. Detrás de las carcajadas y de las críticas, Guillén esconde otra cara: la del técnico disciplinado, metódico, combativo e inspirador. Es, antes que nada, un inteligente hombre de beisbol. DeFrancesco luce como una adecuada selección para los Tiburones y ojalá sea la respuesta que tanto buscan a su larga sequía de títulos. Es una lástima que en el ínterin debamos esperar por Guillén al menos un año más.